EL NUEVO PACTO


Parte 1


EL HIJO UNIGENITO y PRIMOGENITO

Antes de la fundación del mundo, el Eterno creó en Su mente a Cristo el Hijo Unigénito, en forma de pensamiento. Luego, con palabra hablada lo engendró en Sí Mismo, en lo profundo de Su alma (Sal. 2:7 y Jn. 1:18). Cuando Su Palabra Hijo se manifestó en forma corporal fue el Primogénito de la familia de Dios. Por medio de El  habló Su palabra y creó todas las cosas. Así es como el Eterno permaneció Invisible, pero con Su auto revelación de Hijo Unigénito y Primogénito se hizo Visible ante Su creación (ver Jn. 1:18 y Ap. 10:1). 

'...El Hijo, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos' (Heb. 1:2-4).
 
El Principio de toda creación en la mente de Dios fue Cristo y Su familia. Siendo el Hijo Unigénito tiene naturaleza divina y siendo el Primogénito tiene naturaleza humana. Cuando vino al mundo fue Jesús, el Hijo del Hombre. A la edad de treinta años Cristo, el Unigénito del Padre, se encarnó en El. Dios no se hizo carne, ni se hizo hombre, fue Cristo Quien se encarnó en Jesús. 

Esa es la forma en la que Dios manifestó la plenitud de Sus atributos, oficios y funciones de Padre, de Hijo Unigénito y de Hijo del Hombre en Cristo Jesús, el lado visible del Eterno invisible. Las dos naturalezas del Hijo de Dios - Divinidad y humanidad - no son dos personas, ni tampoco existen tres personas en la Divinidad.  No hay dos, ni tres tronos en el cielo de Dios, solo hay un trono donde está sentado el Señor Jesucristo (ver Dt. 6:4;  Jn. 17:3 y Ap. 4:2). El es el Todopoderoso (1 Jn. 5:20 y Ap. 1:8).

'El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz' (Col. 1:15-20).

El primer hijo de Dios que heredó la naturaleza dual de Cristo fue Adán. A causa de su pecado, esa herencia regresó al Padre y desde entonces, para recuperarla, todos necesitamos el Nuevo Pacto en la sangre de Jesucristo para nacer de nuevo.  Por eso Dios levantó la nación de Israel y del linaje predestinado de la tribu de Judá nació Jesús. El Primogénito vino a la tierra como el Salvador de la humanidad y la creación caídas en el pecado.

'En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados' (Col. 1:14).

El padre de la nación de Israel fue Abram, aún antes de ser Abraham. El fue el primer integrante de Israel que recibió la simiente humana y divina de Cristo en la palabra revelada de Dios.

'Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra' (Gn. 12:1-3).

Abram fue pueblo elegido y predestinado de Dios. Un día fue justificado porque 'creyó a Jehová y le fue contado por justicia' (Gn. 15: 6). ¿Cómo pudo ser justificado si aun Jesús, el que justifica al que cree en El, no había muerto en la cruz (Ro. 3.26)? Es porque la palabra del Señor era el evangelio de salvación, que libró su alma de las tinieblas del mundo caldeo donde vivía. El creyó por Gracia y en forma anticipada el mismo evangelio que judíos y gentiles creyeron siglos después. Dios le habló y la fe de Jesucristo contenida en Su palabra, se reveló en su corazón para su redención y vida eterna. 

'Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESUS, porque El salvará a su pueblo de sus pecados' (Mt. 1:21). 
  
Abram fue el fundador de la nación de Israel y padre espiritual de los creyentes, porque al creer el evangelio se unió  con la sangre del Nuevo Pacto (1 Cor. 11:25). Así es como se justificó con la  Justicia de Jesucristo y se apropió de Su Primogenitura. Luego la heredó a toda su descendencia, que fue tanto física como espiritual. Como Abram su descendencia física fue la nación de Israel. Como Abraham su descendencia espiritual fue el Cuerpo de Cristo, la Iglesia del Primogénito también llamada la Congregación de los Primogénitos (Heb. 12:22).

'Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva (el evangelio) a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham...Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu...Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo' (Gál. 3:6-9, 13-14, 16).

Tiempo después, cuando Dios comisionó a Moisés para liberar a Israel de Egipto, le dio este mensaje: 

'Y dirás a Faraón: Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito. Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva, mas no has querido dejarlo ir; he aquí yo voy a matar a tu hijo, tu primogénito'  (Ex. 4:22-23).

Los hijos de Dios renacidos poseen la Primogenitura de Cristo en el evangelio del Nuevo Pacto. Esto significa que han recuperado la humanidad original de Adán. El dijo '...Mis palabras son espíritu y son vida' (Jn. 6:63b). Su palabra de salvación es inmutable.  Fue anunciada por Jesús en la tierra y por Su Ministerio de Ascensión desde el día de Pentecostés hasta hoy, con el ministerio quíntuple de Efesios 4:11-12.  De igual manera, Israel recibió la Primogenitura del Salvador a través del ministerio de sus padres Abraham, IsaacJacob y los profetas del Antiguo Pacto. 

'Jehová habló a Moisés, diciendo: Conságrame todo primogénito. Cualquiera que abre matriz entre los hijos de Israel, así de los hombres como de los animales, mío es...Te será, pues, como una señal sobre tu mano, y por un memorial delante de tus ojos, por cuanto Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte' (Ex. 13:1-2,16).

 LA FALSA PRIMOGENITURA

'Dijo, pues, Moisés (a Faraón): Jehová ha dicho así: A la medianoche yo saldré por en medio de Egipto, y morirá todo primogénito en tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está tras el molino, y todo primogénito de las bestias. Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca hubo, ni jamás habrá. Pero contra todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que Jehová hace diferencia entre los egipcios y los israelitas. Y descenderán a mí todos estos tus siervos, e inclinados delante de mí dirán: Vete, tú y todo el pueblo que está debajo de ti; y después de esto yo saldré. Y salió muy enojado de la presencia de Faraón' (Ex. 11:4-8).

El primogénito de Faraón y todo primogénito que murió en Egipto, desde el hombre hasta la bestia, hoy es el evangelio modificado del sistema institucional religioso del hombre. Es un mensaje contaminado por los credos, dogmas, tradiciones e interpretaciones privadas de la palabra de Dios. Estas obras carnales son fortalezas, argumentos y pensamientos de la religión organizada que trabajan contra la mente de Cristo en los creyentes.

Faraón fue juzgado y sentenciado por el Todopoderoso, a través de Moisés. El motivo fundamental dejuicio divino fue la idolatría al hijo primogénito. Este era el culto  principal de Egipto entre muchos otros, que encarnó espíritus de demonios en todos sus seguidores. Y por cuanto ese culto era religión del diablo, la ira de Dios se desató contra la primogenitura egipcia después de haberle dado al Faraón señales y tiempo para el arrepentimiento.

'Y la tierra se contaminó bajo sus moradores; porque traspasaron las leyes, falsearon el derecho, quebrantaron el Pacto sempiterno.

Por esta causa la maldición consumió la tierra, y sus moradores fueron asolados; por esta causa fueron consumidos los habitantes de la tierra, y disminuyeron los hombres' (Is. 24: 5-6).

En esta hora, los juicios divinos están cayendo sobre el sistema mundial político, religioso, militar y materialista del hombre. Es por causa de la idolatría al trinitarismo y a las falsas doctrinas que han quebrantado el evangelio del Nuevo Pacto.  Todos los credos, dogmas y tradiciones del hombre son falsa primogenitura. 

Estamos viendo la apostasía anunciada en 2 Tes. 2:3, porque muchas personas llamadas cristianas le dan la espalda a la Voz de Aclamación y a la trompeta de Ap. 10:7.  Depositan su fe en la prosperidad material que les prometen los mensajeros de evangelios modernos. No les importa que sus mensajes no revelan el Nuevo Pacto de Dios y el Espíritu Unigénito de Cristo, porque están poseídos por el espíritu de apostasía ecuménica (ver  Mt. 7:23). 

La Justificación por la fe en Jesucristo crucificado y el arrepentimiento de pecados es filiaciónEsta filiación es la  regeneración que forma una parte del nuevo nacimiento completo del creyente.  El Nuevo Pacto de Dios consiste en ser Sus Hijos Primogénitos por medio del evangelio, y ser Sus Hijos Unigénitos por el Espíritu de Cristo (ver Is. 9:6 ; Ro. 8:9-10 y Ef. 4:13).

El grave perjuicio de creer un evangelio quebrantado es no poder renacer totalmente. Este renacer es la adopción de ser hechos Hijos de Dios y el Cuerpo de Cristo que será arrebatado. Muchos hermanos no serán arrebatados y sufrirán la gran tribulación venidera, por no haber experimentado el completo renacer del Nuevo Pacto (ver los creyentes atribulados de Ap. 7:14).

El trinitarismo fue inventado por herejes religiosos,  en el Concilio de Nicea (año 325 d.C).  Ellos afirmaron que la Unidad de Dios y de Cristo, tan evidente en la Biblia, es modalismo o cualquier otra interpretación privada que toman como excusa, porque no tienen revelación divina. Por ignorar lo que es el trinitarismo, la gran mayoría de cristianos se han bautizado en los títulos Padre, e Hijo y Espíritu Santo. Los títulos mencionan oficios y funciones de Dios, pero no declaran el Nombre Jesucristo, tal como nuestro Señor lo ordenó para arrebatar una Iglesia Esposa de Su Nombre. 

No piense alguien que el Esposo le reunirá con El, en esta hora ni en el rapto, si no es una virgen prudente que arregla su lámpara quitando todo credo, dogma, ideas, tradiciones y la cultura del mundo de su corazón (Mt. 25:10). Tú debes limpiarte con las verdades que Cristo nos está entregando en este tiempo del fin, las cuales comenzó a revelarlas por Su profeta-mensajero, nuestro hermano William Marrion Branham (Mal. 4:5-6; Mt. 25:6 y Ap. 10:7), y continúa haciéndolo hoy con Voz de Arcángel (Mt. 25:10; 1 Tes. 4:16 y Ap. 10:8-11).

Parte 2

LA CIRCUNCISION DE CRISTO

'Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne las intenciones y los pensamientos del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien, todas las cosas están desnudas y abiertas ante los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta' (Heb. 4:12-13).

Israel había recibido de Dios el vínculo de la Primogenitura de Cristo por el evangelio de su padre Abraham, quien también fue santificado por la palabra al circuncidarse. Esto nos revela que el alma justificada tiene que ser santificada y libre del señorío del pecado por medio de la circuncisión de Cristo. Abraham fue limpio del pecado (el ego carnal) en su alma por el evangelio de Dios (Jn. 17:17). 

No  debemos aceptar ningún evangelio que no circuncida el corazón, porque no posee la santidad de Jesucristo (Ro. 1:6-7). Solo acarrea la maldición del anatema. Los hijos de Israel tenían la Primogenitura del Hijo del Hombre en la fe que heredaron de Abraham. Pero la circuncisión física fue la señal de la unidad  del pueblo con el Espíritu de Santidad de Dios, bajo el Antiguo Pacto (1 Cor. 10:1-4).

'Este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón entre vosotros' (Gn. 17:10).

Nuestra circuncisión bajo el Nuevo Pacto es espiritual. Significa que los justificados debemos santificarnos para ser la morada de Cristo.  Santificarnos es limpiarnos y liberarnos de la mente carnal y la cultura del mundo. El evangelio bíblico de Hechos 2:38 ha sido adulterado sutilmente por el diablo,  para que los hijos de Dios no puedan ser el Unigénito del Nuevo Pacto. 

También los incircuncisos egipcios impusieron su 'evangelio' sobre la humanidad de aquel tiempo, con la misma maniobra engañosa del sistema nicoalíta de hoy, que captura el sentimiento de la gente y anula su entendimiento. Le inculcan interpretación carnal porque no tienen la mente de Cristo, ni revelación cierta y segura. 

'En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo' (Col. 2:11 ). 

El verdadero evangelio comienza su obra regenerando el alma del creyente y encarna en él la Primogenitura de Jesucristo. Esta regeneración de la persona es la justificación. Luego de la justificación continúa la circuncisión de Cristo. Es la santificación que separa el alma, el espíritu y el cuerpo del señorío del pecado (Heb. 4:12-13). La santidad  es un atributo de Jesucristo, que el creyente debe poseer uniéndose por fe con el sacrificio del Señor. Su muerte fue el Juicio de Dios sobre el pecado y la naturaleza humana caída
 (Ro. 6:11-12). Por lo tanto, la circuncisión es la obra santificadora de la muerte de Jesús en el creyente fiel. Entonces el Espíritu Santo puede completar el nuevo nacimiento y consumar el Nuevo Pacto, porque para renacer hay que morir primero. 

El Nuevo Pacto consumado es el bautismo del Espíritu Santo en el Cuerpo glorificado de Cristo, a cambio de: 1) Justificarnos por creer en la sangre de Jesús y arrepentirnos de haber pecado. 2) Santificarnos en el Nombre de Jesucristo al bautizarnos en agua. Es un Pacto Perfecto de unidad con la Divinidad, porque  el resultado de la santificación es la Vida de Cristo, el Unigénito del Padre en el renacido (Ro. 6:22-23 y 2 Cor. 5:17).  El vino a ser como nosotros, para que podamos ser en Cristo el Primogénito Nuevo Hombre y el Unigénito Hijo de Dios, mediante el Nuevo Pacto. El corazón es hecho un vaso de honra, un instrumento santificado útil al Señor y dispuesto para toda buena obra. 

'...Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos' (2 Cor. 5:15 - ver 2 Tim. 2:21-26).

¿ Puedes creer el evangelio del Nuevo Pacto y ser uno con el Primogénito y Unigénito del Padre ?

Son dos los vínculos de Hch. 2:38, que nos unen con  Jesucristo. El primer vínculo es con Su sangre por medio de la fe y el arrepentimiento. El segundo vínculo es con Su muerte por medio del bautismo en el Nombre de Jesucristo. Luego, recibir por fe el don del Espíritu Santo es la resurrección del Señor que renueva al creyente, culmina el Pacto del nuevo nacimiento y conduce a la perfección del entendimiento de la palabra. Nuestro Salvador, con Su sacrificio de buena voluntad, nos restauró los atributos de la Justicia, la Santidad y la Divinidad de Cristo el Arbol de la Vida, que fueron perdidos por Adán (Ef. 4:24). 

¿Cómo es que Adán perdió los atributos de Dios? 

Los perdió por causa de su vínculo íntimo en forma inmoral con su mujer. Porque el acto sexual con ella debía ser conforme al plan de Dios. Pero no fue así, sino que fue a la manera del diablo, en el huerto del Edén. Desde allí quedó encarnado el pecado original, que es el ego carnal del cuerpo humano. Y la unidad del hombre con la naturaleza Divina se interrumpió, 'por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios' (Ro. 3:23).  Entonces, toda obra humana inspirada en el pecado es adulterio contra Cristo y fornicación con el diablo. Esto es transgresión de la ley de Dios, por lo cual el hombre y la mujer sin Cristo serán juzgados en el Juicio del Gran Trono Blanco, delante del Eterno (Hch. 17:31).

Después de haber creído y sido justificado por la fe, Abraham se santificó del pecado original al circuncidarse con la palabra de Dios. Entonces recuperó el vínculo perdido con el Señor por Adán y su mujer. Abraham vivió un Pacto de unidad con Dios, porque su alma quedó santificada del pecado al circuncidar su cuerpo. El resultado fue que su nombre Abram fue cambiado en Abraham. Eso significa que nació de nuevo y después, por creer la promesa de Dios, pudo ver a su hijo Isaac nacer milagrosamente. 

Con el bautismo en Su Nombre nos ministramos a nosotros mismos la circuncisión de la muerte de Jesús y nos santificamos del pecado. El Pacto de Dios se cumple y vemos a Cristo en nuestro espíritu renacido, así como surgió Isaac en la existencia de Abraham. Lo mismo sucedió en la vida de Jesús el Hijo del Hombre cuando se bautizó en el río Jordán.  Cristo se encarnó y se manifestó en El. 

Parte 3

LOS VINCULOS DEL PACTO

'Os haré pasar bajo la vara, y os haré entrar en los vínculos del pacto; y apartaré de entre vosotros a los rebeldes, y a los que se rebelaron contra mí; de la tierra de sus peregrinaciones los sacaré, mas a la tierra de Israel no entrarán; y sabréis que Yo Soy Jehová' (Ez. 20:37).

La vara de Cristo es Su potestad (soberanía, autoridad y poder) de hacer Justicia y Juicio. La Justicia de Su sangre a favor del creyente arrepentido y el Juicio al pecado y sus maldiciones con Su muerte en la cruz. En la Justicia de Su sangre tenemos el primer vínculo de la justificación del alma y la herencia de la Primogenitura, porque es el regreso al Principio cuando Sus hijos fuimos creados en El

Todo el proceso es obra del Espíritu Santoa partir del arrepentimiento del creyente de sus obras pecaminosas. El está muerto al pecado y ahora debe aplicar el segundo vínculo del Pacto. Es sepultarse en las aguas del bautismo en el Nombre de Jesucristo para ser perdonado de sus pecados y santificarse por fe en el cuerpo de Jesús sepultado.

'Por lo cual, este es el nuevo pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos serán mi pueblo;' (Heb. 8:10).

El Nuevo Pacto consumado es la semejanza del alumbramiento de un niño en el parto natural, cuando recibe de Dios el espíritu de vida propia. Esta experiencia no se concretó en los creyentes del Antiguo Testamento, porque Jesús aun no había muerto ni resucitado. Pero ellos tuvieron justificación y santificación, porque se vincularon en vida con las leyes de la Primogenitura y de la Circuncisión de Cristo que estaban contenidas en el Antiguo Pacto, sacrificando holocaustos y circuncidando sus cuerpos.

Así es como estuvieron también bendecidos bajo la obra redentora del Cordero de Dios, en la Dispensación de Vida eterna que a ellos les fue dada (Ver Lc. 10:23-24; Heb. 11:13 y 39-40). Cuando Jesús descendió a las profundidades de la tierra para culminar el Juicio de Dios, le quitó las llaves de la muerte y del infierno a satanás. 

Luego fue a la región Paraíso donde reposaban los santos de la antigüedad. Allí les reveló el Nuevo Pacto de justificación en Su sangre y santificación en Su muerte de cruz. Su palabra hablada transformó sus almas en Hijos de Dios y redimió sus cuerpos resucitándolos de la muerte. Cuando ascendió los llevó juntamente con El glorificados a la casa del Padre (ver Mt. 27:52 y Ef. 4:8). Son la Iglesia del Primogénito con la Unigenitura y el Cuerpo glorificado de Cristo en el Paraíso de Dios. ¡El Nuevo Pacto consumado por medio de la sangre del Cordero! ¡ Alabanzas a El !

Amado: El ministerio de Cristo está escribiendo en tu mente y en tu corazón las leyes del nuevo nacimiento que te llevarán a ser el Nuevo Pacto.  Son las palabras de la Biblia que dicen: 

'Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo...Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados;...y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones' (Hechos 2:38,41,42).

CONCLUSION

Filiación - Adopción - Redención

Ambos vínculos del evangelio, la justificación y la santificación, son la filiación de ser engendrados y gestados como hijos de Dios con la Primogenitura de Cristo. Luego el bautismo del Espíritu Santo en el cuerpo glorificado de Cristo, el Unigénito del Padre, es la adopción de todo el ser : alma, espíritu y cuerpo como un Hijo de Dios. Este es el nuevo nacimiento completo como primogénitos y unigénitos de Dios. La adopción es también la redención de nuestra gloria venidera, con la cual veremos al Señor cara a cara porque seremos tal como El es (1 Cor. 1:30 y Fil. 3:21). Por medio de Jesucristo y el evangelio de Pentecostés los creyentes renacidos somos el Nuevo Pacto de Dios.

Enero 2026








YO SOY EL QUE SOY


'Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros' (Ex. 3:14).

Esta palabra de Dios nos dice a Sus hijos que hemos sido llamados a conocerle y ser uno con Su Yo Soy, para ser libres de la ley del pecado y dueños de nosotros mismos (Tito 1:8). La misión de Moisés en Egipto fue liberar a Israel de la esclavitud del Faraón. Este rey terrenal es figura del señorío del ego carnal del cuerpo físico sobre el espíritu humano (ver Ro. 7:23). Solo después de salir de la esclavitud, los hebreos podrían poseer la tierra de Canaán bajo el ministerio de Josué, y para ello debían  destruir muchos reyes y naciones satanistas que moraban allí. Esto significa desechar las falsas doctrinas de los hombres y a las propias ideas carnales, porque la voluntad de Dios es nuestra santificación (1 Tes. 4:3). 

No solamente hemos de permanecer muertos al pecado en la cruz, sino que el pecado también debe estar muerto, es decir, sin señorío sobre la mente y el corazón (ver Ro. 6:11-13). Eso es exactamente lo que hicieron allá los hebreos contra los siete reinos paganos que ocuparon Canaán. Eran libres de la cautividad de Egipto y dueños de la tierra santa, pero la debían arrebatar en la guerra contra ellos. Para ser vencedores, primero triunfaron sobre sí mismos en Gilgal (ver Jos. 5:9). Después de ello el Señor se reveló a Josué cerca de Jericó, y le dio parte en Su Yo Soy (Jos. 5:15). Jesús dijo que separados de El nada podemos hacer (Jn. 15:5).

La tierra prometida a Abraham y su descendencia, en otro tiempo fue el huerto edénico donde vivió Adán y su mujer, cuando no existían los siete espíritus cananeos (Dt. 7:1). Tres siglos después del día de Pentecostés, también la tierra prometida del evangelio fue invadida por esos mismos espíritus. Fue a través del sistema religioso llamado Catolicismo apostólico romano. La nueva religión del mundo pagano se disfrazó de Cristianismo, porque falsos maestros de teología y cristianos apóstatas se unieron a eso y mezclaron el evangelio con la antigua religión de Babilonia. Introdujeron el trinitarismo, el nicolaísmo, el balaamismo, el bautismo en títulos, el culto a imágenes, rituales paganos y la institución Papal, a través de Concilios políticos con el Imperio romano que la historia registra. Toda la humanidad ha sido engañada y envuelta en esa oscuridad religiosa.

Pero las Sagradas Escrituras están siendo reveladas hoy a los elegidos que salen del sistema del anticristo. Los siete reyes cananeos son espíritus demoníacos, esclavizadores de la mente humana (1 Jn. 5:19). Esas fuerzas del mal se encarnaron en Nimrod y su reino de Babel. Luego fueron las cabezas  de los siete imperios mundiales: Egipto, Asiria, Babilonia, Persia, Grecia, Roma y el Papado católico romano (Ver Ap. 17:3).  Los cananeos, amorreos, heteos, jebuseos, heveos, ferezeos y gergeseos que vivían en Canaán heredaron esa gigantesca mentalidad dominante sobre el mundo, en sociedad con el imperio de Egipto.

Como Moisés, cuando recibió las tablas de piedra escritas por el dedo de Dios en el monte Horeb, ahora la palabra revelada por la mente de Cristo está aquí para santificar a Su Iglesia. Aquel mensaje entregado a Israel fue la Ley de Dios, que después guardó Josué cada día de su vida. Así fue como  el Yo Soy de Cristo se encarnó en Moisés y también lo hizo en Josué, para aplastar a satanás y liderar la posesión y limpieza de la tierra prometida que había sido invadida. Con Moisés los israelitas salieron de Egipto, recibieron la Ley en el monte Horeb y entraron en Canaán oriental. Allí destruyeron los reinos amorreos de Sehón y Og y poseyeron las ciudades de ellos, Hesbón y Basán. Pero luego, con el ministerio de Josué pasaron el Jordán y tomaron posesión del lado occidental.

Todas aquellas experiencias de Israel fueron la manifestación del Yo Soy y Su palabra en ellos. Bajo el Antiguo Pacto debían esforzarse y desalojar al enemigo en forma corporal. De hecho, sabemos que la tierra prometida era un territorio físico en el Medio Oriente, legada por Abraham a los hebreos. Hoy bajo el Nuevo Pacto, la verdadera Iglesia tiene la misma misión pero en forma espiritual. Lo que vivió Israel al salir de Egipto fue tipo de los hijos de Dios de este tiempo final, que no solo han salido del sistema babilónico esclavizante sino también del desierto espiritual de una sociedad humana sin Cristo, para ser uno con El.

LA IGLESIA EN GUERRA ESPIRITUAL

'Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes' (Ef. 6:12).

El Juicio de Dios a los cananeos actuales, por medio del ministerio Josueico presente, es el fin del señorío sobre el verdadero evangelio de los espíritus sectarios denominacionales (nombres blasfemos - Ap. 17:3), y de las doctrinas falsas de cristianos apóstatas. Ellos son la cizaña porque aparentan ser hermanos y creyentes trigo, pero están en contra de la revelación divina de la palabra. El Josué de hoy es el Apostolado de Cristo en Su Iglesia (Ef. 4:11-12). Todo aquel que niega Su Ministerio Apostólico y afirma que hoy ya no existe en la tierra no pertenece a la Iglesia verdadera, porque no cree la palabra de Dios (ver Heb. 3:1; 9:11 y 13:8-9). Esta Iglesia actual es gente renacida y creyentes fieles, que disciernen y destruyen las herejías y las mentiras de la apostasía. La tierra santa prefiguró el evangelio de Hechos 2:38. Los demás espacios terrestres, más allá de Canaán y hacia los cuatro vientos del planeta representaron toda la Biblia (Sal. 19:3-4).

Los siete espíritus cananeos tienen el conocimiento del evangelio. Son ángeles caídos encarnados en personas que lideran grandes organizaciones religiosas, con apariencia de devoción a Dios, mezcladas con la política y el materialismo del reino pecador (Mt. 24:23-24). Desde siglos atrás invadieron el evangelio de Jesucristo y lo modificaron. Este es el panorama del Cristianismo evangélico en la Edad de Laodicea. Pero El Señor Mismo los está arrojando fuera, a las tinieblas del engaño ecuménico (ver Ap. 3:16).

LA HEREDAD y LA HERENCIA

La voluntad divina en los verdaderos creyentes es que cumplamos la misma misión que tuvo Israel. Nos manda ser poseedores de la heredad y de la herencia que habita dentro de ella.  La heredad es el evangelio de la Biblia. La herencia es el Espíritu de Cristo, que Jesús prometió revelar en ti y en mí (Jn. 14:21). 

Ambas bendiciones de Dios, el evangelio  como heredad y Cristo como la herencia son la tierra prometida de Su Yo Soy en los hijos de Dios. El éxodo de Israel desde Egipto hacia Canaán prefiguró el proceso del nuevo nacimiento. Luego, el crecimiento del nuevo hombre progresa hasta ser el varón perfecto (Ef. 4:13), así como Israel avanzó hasta la posesión completa de su tierra en los días de David y Salomón. ¿Puedes ver que poseer la tierra prometida es la sabiduría del evangelio y la experiencia de Cristo en el corazón? (Jd. 1:3).

Otra vez deseo distinguir bien entre heredad y herencia. La heredad es la palabra de salvación y las Sagradas Escrituras. La herencia es  la plenitud de Cristo. Cuando obtenemos del Señor la luz del evangelio poseemos la heredad. Entonces incorporamos  la humanidad de Jesucristo crucificado, que se encuentra en ella (ver Jn. 6:54 y 63 ). Luego, la herencia es el Señor de la heredad. El Señor es el Yo Soy de Cristo, la plenitud de Dios que habita en Jesús el Hijo del Hombre. Hablando de Su Yo Soy, Jesús anticipó las tres palabras que luego fueron reveladas por El a Pedro, en el mensaje del arrepentimiento, el bautismo en Su Nombre y el don del Espíritu Santo (ver Hechos 2:38).

'Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto' (Jn. 14:6-7).

EL HIJO DEL HOMBRE

En primer lugar El dijo: 'Yo Soy el camino'. Se refirió a la fe en Su sangre y el arrepentimiento de pecados, para justificarnos y llevarnos a Dios. El está diciendo: Eso es Mi Yo Soy de Hijo del Hombre en tu alma (Heb 10:20).

EL HIJO DE DIOS

En segundo lugar dijo: 'Yo Soy la verdad'. Se refirió al nuevo hombre que nace y se libera dentro de ti, al sepultar el viejo hombre en el bautismo de agua en el Nombre de Jesucristo.  El está diciendo: Eso es Mi Yo Soy de Hijo de Dios en tu espíritu, la Vida de tu mente, corazón y fuerzas (Jn. 14:26; 2 Co. 3:17  y Ef. 4:24).

EL TODOPODEROSO

En tercer lugar declaró: 'Yo Soy la Vida'. Se refirió al don del Espíritu Santo perfeccionando nuestra mente en Su palabra y transformándonos a Su imagen. El está diciendo: Yo Soy la plenitud de Dios encarnada en tu cuerpo, hasta la redención de la posesión adquirida con Mi sangre  (Jn. 11:25-26; 1 Cor. 12:13; Ef. 1:14; Fil. 3:21 y Ap. 1:8).

'Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres' (Jn. 8:31-32).

'El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida' (Jn. 6.63).

LA GUERRA INTERIOR

'Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis' (Ro. 8:13).

Siendo uno con Cristo, peleamos juntos como Iglesia contra las tinieblas demoníacas de un mundo sin Dios. Pero en forma individual gobernamos sobre nosotros mismos y  destruimos los males carnales que batallan contra el alma (1 Tes. 5:22). Estos males de la naturaleza humana caída fueron representados por los siete reinos de Canaán, oponentes de Israel. Tanto ellos, como los israelitas y los creyentes de hoy, provenimos físicamente de una tierra maldita por el pecado (Is. 60:2 y Ro. 8:20-21). 

La mentalidad  oscura de los cainitas antes del gran diluvio de Noé y los híbridos malvados de Babel después de él, se implantó en la sangre humana cuando se dispersaron por el planeta debido a la confusión de sus lenguas, y se reprodujeron (Gn. 11:1-9). Los siete imperios mundiales que fundaron los ángeles caídos, a través de esas personas, inyectaron su cultura en el cuerpo de los hijos de Dios. Son las fortalezas, los argumentos y los pensamientos carnales que buscan predominar y subyugar el alma. Sí, nuestro cuerpo tiene su lado positivo como organismo y templo físico del Señor. Pero el lado negativo es su naturaleza terrenal caída.  

SIETE ENEMIGOS DEL CREYENTE

Veamos las características de las siete principales energías negativas del viejo hombre, es decir, del cuerpo físico. No son demonios, sino rebeliones del pecado (ver Ro. 7:23) manifestadas en las siete naciones - estado que habitaron en Canaán. Cada una de estas rebeldías naturales encabezan muchas fuerzas que les siguen. La Biblia declara que son las obras de la carne (ver Gál. 5:19-24).

El amorreo es el orgullo. Produce incredulidad  y señorío. Es el nicolaísmo y el balaamismo del sistema religioso organizado, ligado con el autoritarismo de gobiernos políticos en el mundo. 

El heteo es la cobardía y el temor. Genera debilidad mental, inseguridad, derrotismo, pesimismo y baja autoestima personal. Esta flaqueza espiritual inhibe el emprendimiento personal.

El jebuseo es el individualismo. Rechaza la autoridad. Desprecia la revelación de la palabra y el conocimiento de Cristo. Adora el libre albedrío carnal y sus propias ideas. 

El ferezeo es la intemperancia contra la templanza, que causa descontrol mental y el uso de la fuerza bruta para defender el egoísmo. Los ferezeos eran aldeanos sin muros para protegerse. Es la falta de dominio propio y no tener gobierno sobre uno mismo. 

El gergeseo es la impaciencia. Genera inquietud, afán, ansiedad y desaliento. Los cristianos con espíritu gergeseo son absorbidos por lo terrenal y tienen desgano y desprecio por lo espiritual. Pierden fácilmente la paz mental y la tranquilidad del alma. 

El cananeo es la impiedad contra el temor de Dios. Este tipo de cristiano aparenta devoción al Señor, pero es materialista, avaro y mezquino.  

El heveo del norte de Canaán es el desamor contra el amor fraternal. Tiene indiferencia, crítica, murmuración, celos, envidia y condenación al prójimo. 

Son siete bajezas carnales contra el nuevo hombre de nuestro espíritu, a destruir con el sacrificio de Jesús en el cuerpo y el Yo Soy de Cristo en el alma (Gál. 2.20). El es el Varón con la espada desenvainada (Jo. 5:13) que nos hace poseedores de la tierra santa y dueños de nosotros mismos. 

CONCLUSION

'Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos' (Josué 1:6-9).

Hermano amado del verdadero Israel espiritual: Aplica en tu vida este mandato del Señor y toma cada día el control de tu fe y voluntad que tienes en el alma. En este Tiempo del Fin párate firme como Josué en la verdad de nuestra muerte, resurrección y ascensión juntamente con Cristo Jesús, porque es el cimiento y la herencia que recibimos del Padre. El Yo Soy de Su Espíritu Vivificante en el alma, el espíritu y el cuerpo es la gloria de los vencedores. 



JOSUÉ


'Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos  y  vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano.    Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos?'

'El respondió: No; mas como el Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo?'

'Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo' 

(Josué 5:13-15).

El Príncipe de Dios es Cristo, el Unigénito del Padre. Su manifestación a Josué nos dice que necesitamos Su mente en nosotros. La palabra que le reveló fue un nuevo calzado espiritual que Su siervo recibió (Jn. 13:8). Es con el Ministerio de Cristo que peleamos la batalla de la fe (Jn. 15:5). Josué pensaba cómo obedecer el mandamiento divino de poseer la tierra de Canaán (Jos. 1:6) y un día salió a caminar por ella. Llegó cerca de Jericó a un lugar donde recibió la templanza de Cristo. Este fruto de la tierra santa es el dominio propio en nuestro hombre interior, para no ser precipitados en el servicio del Señor (Is. 28:16). 

Josué y las tribus de Israel representaron el alma, el espíritu y el cuerpo de cada creyente, como también a la Iglesia verdadera contendiendo contra las herejías de la cizaña. Tú y yo, debemos poseer e incorporar la tierra santa en nuestro ser, hasta el Nilo, el Líbano, el río Eufrates y el gran mar donde se pone el sol (Gn. 15:18-21). Se trata de obtener toda la  sabiduría del evangelio y la plenitud de Cristo (Ef. 4:13). Sus atributos divinos se hallan en la palabra de salvación. Son el Juicio de Dios al pecado en la cruz, la  Justicia de Su sangre, la Santidad de Su muerte, el Poder de Su resurrección y la Autoridad de Su ascensión. 

¿Qué esfuerzos son necesarios para poseer la tierra santa? 

Hay que desear la sabiduría del evangelio y destruir las falsedades religiosas, porque detrás de ellas hay espíritus malignos que batallan contra la salud espiritual de los hijos de Dios. Josué lo hizo así y la tierra santa se hizo carne en él. Cristo nos revela hoy a Su pueblo renacido que la tierra santa es Su cuerpo crucificado, resucitado y ascendido, encarnado en nosotros a través del evangelio. Nos demanda tener los pies descalzos para revestirnos con Su mente. Por medio de ella nos paramos, andamos y avanzamos en la posesión de la plenitud de Cristo  (Jn. 13:8). El calzado que tenemos hoy los creyentes es el conocimiento del plan de salvación, el apresto de Efesios 6:15. Hay que ponerlo inmediatamente a Su disposición (Leer 1 Cor. 3:18). No perdamos esto de vista. Tenemos que caminar con el Maestro, porque la prisa por servir a Dios sin los pies revestidos con Su mente se convierte en un esfuerzo carnal. Cuando Josué obedeció al Señor y se paró descalzo sobre el suelo santo fue enaltecido en el Reino de Dios a la posición de un vencedor (Leer Mt. 23:12). 

Los pies están en nuestro espíritu y cuerpo. El pie del espíritu es la conciencia y el pie del cuerpo (junto con las manos) es el sentido del tacto. Siempre decimos conciencia en forma singular, lo cual está bien, pero es dual en su funcionamiento porque el espíritu funciona a través del cuerpo. Nuestra conciencia, unificada con el cuerpo, camina en la avenida de la santidad  (Is. 35:8). Por eso las manos obran el bien y los pies nos conducen donde Cristo está hablando la verdad del evangelio y la sana doctrina. 

La forma sabia de poner en práctica la voluntad de Dios, es alinear con la conciencia todas las facultades mentales y físicas. Tenemos que ser coherentes y vivir en armonía con nosotros mismos y con los demás. La conciencia y el tacto físico trabajan en unidad con la imaginación y la vista, con la memoria y el hablar, con el afecto y los oídos, con el razonamiento y el olfato. La conciencia es mayormente la responsable de creer y pisar con firmeza sobre lo que dice la Biblia. Hay que concientizarse con la revelación del evangelio para predicarlo. Es decir, cada hijo de Dios debe ser el evangelio. Cuando Josué se calzó nuevamente con sus zapatos para regresar al campamento de Israel, los pies de su hombre interior estaban santificados y renovados por la palabra revelada que obedeció (Ro. 12: 2 y Ef. 4: 23-24).

En la experiencia de Josué hay tres bendiciones de Dios: 1) Recibió el Reino de Cristo. 2) Oyó Su palabra. 3) Fue tierra santa. Estas tres bendiciones lo unieron con el Hijo de Dios. Primero, es Su Yo Soy en el alma (Gál. 2:20). Segundo, es Su palabra revelada alumbrando el espíritu (Salmo 119: 105). Tercero, hay que aplicar el evangelio en el cuerpo. Esto es declarando por fe y con la boca, que hemos muerto y resucitado con Cristo (Ro. 10: 9-10). Confesando el escrito está se encarna la naturaleza humana y divina de Cristo en el cuerpo (Jn. 6:53-69 y Ro. 6:11). Josué regresó con un mensaje nuevo al campamento en Gilgal (los santos reunidos), revelándoles cómo poseer la plenitud de Cristo. La buena voluntad de Dios, agradable y perfecta, es que seamos uno con la tierra santa del evangelio porque es la palabra donde mora el Príncipe de Paz (Ro. 12:1-2 y 2 Cor. 4:10). 

LA OBRA APOSTOLICA ES QUINTUPLE

Todo lo que vio y oyó Josué, luego debía comunicarlo a Israel. El Señor le dio Su mente para liderar la apropiación del territorio. Así es. En primer lugar, El renueva nuestra conciencia cuando nos revela Su palabra. Luego, cada uno de Sus santos nos paramos firmes con lo que nos es revelado y poseemos la sabiduría de la salvación. Entonces la mente de Cristo se manifiesta en nuestro hombre interior. Josué y los cuatro sacerdotes que llevaban el arca (Jos. 3:6) vivieron juntos una obra de ministerio, que prefiguró el ministerio apostólico quíntuple de Efesios 4:11, el cual tiene estas cinco funciones :

1) Es apostólico porque es fundacional. Implanta a Cristo en los corazones creyentes. 2) Es profético, porque es correctivo y nos muestra el camino de la voluntad divina. 3) Es evangelístico, porque predica la buena nueva de la salvación del alma. 4) Es pastoral, porque cuida y defiende de peligros al rebaño. 5) Es docente, porque enseña, perfecciona, alimenta y fortalece el espíritu para andar en la verdad (1 Cor. 2: 6 al 16).

EL JUICIO DE CRISTO y la GUERRA ESPIRITUAL

El Príncipe con la espada desenvainada está juzgando hoy a los falsos espíritus encarnados en muchas personas del Cristianismo actual, porque han ocupado y ensuciado con perversas manipulaciones la palabra de Dios. No se trata de una eliminación física de personas humanas, sino de la muerte y fracaso de la influencia maligna de la cizaña contra el trigo de Dios (Mateo 13:30). Están  cegados por espíritus engañadores encarnados en hombres corruptos de entendimiento, que hablan por su propia cuenta pero dicen que Dios los envía. 

Esos mismos demonios babilónicos poseían a las naciones paganas enemigas de Dios, que Israel debía eliminar de Canaán no dejando ni raíz ni rama de ellos. Hoy le siguen dando vida al sistema religioso que encarcela a personas elegidas de Dios como Rahab y su familia de Jericó y los heveos de Gabaón. Cada ismo denominacional es uno de esos ángeles caídos. 

Los reinos de Canaán eran siete naciones: los amorreos, los jebuseos, los cananeos, los heveos, los heteos, los gergeseos y los ferezeos. Mas adelante atacaron a Israel los amonitas, los edomitas, los  filisteos y los sirios, con el afán de poseer la buena tierra. Cada reino ocupaba una parte con ciudades y muros que ellos hicieron con los materiales del territorio que pertenecía a los hebreos. Esto indica que mezclaron la buena tierra con sus ideologías.

Eran naciones idólatras que odiaban a las doce tribus de Dios y estaban dispuestas a destruirlas, para que no triunfaran y poseyeran su herencia. Todas representaron el sistema apóstata de hoy, usurpador de la verdad que pertenece a los elegidos de Dios. Han manchado con herejías el evangelio.

La tierra santa fue llamada con el nombre de Canaán, nieto de Noé, porque él y sus descendientes, los pueblos que he nombrado, se afincaron allí contra la voluntad de Dios. Canaán fue maldito por su abuelo Noé, porque nació de la relación incestuosa entre la mujer de Noé y su hijo Cam (Gn. 9:24-25).  Josué fue levantado por Dios para juzgarlos. Aquella invasión prefiguró, proféticamente, que el evangelio de Hechos 2:38 sería ocupado y adulterado por los cristianos apóstatas que abrazaron la doctrina pagana del trinitarismo (tres dioses), cuando se aliaron con el emperador romano Constantino en el Concilio de Nicea (año 325 dC). Cabe decir que Constantino fue el primer Papa de la iglesia romana apóstata de aquel tiempo. Esto ya está otra vez instalado hoy. Es el movimiento ecuménico del romanismo papal, que procura una sola religión mundial.

LAS CIUDADES DEL EVANGELIO

Habían construcciones que los hebreos debían poseer y preservar (Jos. 24:13). Pero muchas ciudades que ocupaban el territorio santo estaban malditas, eran anatema (Gál. 1:8-9). Representaron las adulteraciones del evangelio y de muchas verdades bíblicas (1 Pe. 2:2-3).  Ciudades quiere decir doctrinas y sus seguidores. La tierra tenía su lado oriental. Su parte central era el río Jordán y su lado occidental se extendía hacia el mar Grande, que hoy es el Mediterráneo. En el lado oriental del evangelio de Hechos 2:38 vemos 1) La doctrina de la Gracia es el área desértica de Cademot, el primer lugar de la buena tierra al que llegaron los hebreos (Dt. 2:26). Allí no hay réprobos viviendo. 2) La doctrina del arrepentimiento de pecados es la ciudad de Hesbón. Su gente estaba gobernada por el rey amorreo Sehón (el nicolaísmo y la incredulidad). 3) La doctrina de la fe en Dios es la ciudad de Basán.  Su gente estaba gobernada por el amorreo Og (el  balaamismo y la soberbia del sistema falso). Fueron destruidos sus habitantes, pero no las ciudades.

La fe en Dios es con la Fe de Jesucristo. Su Fe es fundamental porque nos lleva a nuestra muerte con El en la cruz y nos convierte a Su Nombre.  4) Antes de pasar el Jordán hacia el lado occidental, los hebreos reposaron en sus orillas y se santificaron, considerando que la tierra era vital para ser libres y salvos. Concluimos que poseer todo el lado oriental del evangelio es negarnos a nosotros mismos y crucificarnos juntamente con Cristo, declarando la palabra 'muero contigo Señor en la cruz ' (Ro. 6:11).

Pasar el río Jordán es el bautismo en Su Nombre. Nos unimos por fe con Su sepultura y con Su resurrección. La bendición del bautismo es estar muertos al pecado con Jesús en el sepulcro y vivir para Dios con la unción de Su Espíritu. Nuestra resurrección fue juntamente con El. Por eso recibimos el don del Espíritu Santo y la perfección del entendimiento de la palabra de Dios. Romanos 8 es vivir y andar en el Espíritu. Representa el lado occidental del evangelio.

Todo esto nos revela que poseer Canaán y liberarla de su cautividad es volver al evangelio original de Pentecostés, que fue invadido en siglos pasados y usurpado a los hijos de Dios. Los hijos de Dios deben poseer el río Jordán. Es el Nombre de Jesucristo, que reúne al creyente con Su muerte y con Su resurrección cuando se bautiza. El evangelio es el corazón de toda la Biblia, así como el huerto era el centro de todo el Edén. Precisamente, la tierra de Canaán (que luego fue Israel) se encontraba en el mismo sitio del huerto. 

El resultado espiritual de regresar al evangelio de Pentecostés, es el nuevo nacimiento completo del creyente. 'Un niño nos es nacido, Hijo nos es dado y el Principado sobre Su hombro' (Is. 9:6). El Señor nos habla con Su Voz de Arcángel (1 Tes. 4:16) cerca de Jericó y nos instruye como a Josué, porque sin El nada debemos hacer.

Su Espíritu nos muestra que Canaán, antes del ministerio de Josué, fue figura del evangelio adulterado por las organizaciones religiosas. La distorsión de las doctrinas apostólicas originales y el aprovechamiento por los cristianos apóstatas de los bienes espirituales y materiales del evangelio de Dios, ha llegado a su final. Eran doce áreas del territorio a liberar de la mano de ellos, para ser repartidas por Josué a las doce tribus de Dios. Cada área prefiguró el testimonio de Cristo en las verdades bíblicas reveladas por Su Espíritu, que ahora los santos Novia debemos establecer en nuestras vidas (Jn. 5:39-40). 

La tierra estaba sucia con altares y con sacrificios de niños ofrecidos al diablo. Por eso, sus ocupantes debían ser eliminados y el espacio que habitaban debía ser apropiado y limpiado por cada tribu de Israel. El Reino de Dios había llegado con Josué a recuperar la tierra prometida, donde vivieron Abraham, Isaac, Jacob y sus doce hijos. Ahora, los descendientes tenían el deber de ocupar su heredad, dejar de llamar con el nombre Canaán ese territorio y cambiarlo al nombre de Israel. Esto significa deshacer las modificaciones del evangelio que ha hecho el catolicismo romano y el sistema de todas la instituciones religiosas, en cualquiera de sus nombres y por tanto tiempo. Hijos de Dios, la tierra santa es nuestra, (Jos. 2:9-11). Sed guerreros valientes y fuertes, y contended ardientemente por la fe original contra la  oscuridad de las falsas doctrinas y los espíritus de error (Jd. 1:3).

El nuevo nacimiento del agua y del Espíritu es la evidencia de haber entrado en la tierra santa de Hechos 2:38. Las características del creyente renacido fueron representadas por las viñas, los olivares, las cisternas de agua, las vegas, los valles, los montes y los ríos. Eso es lo que el apóstol Pedro nos declara, cuando dice que tenemos que poseer la fe, el poder, la ciencia, la templanza, la paciencia, el temor de Dios, el amor fraternal y el amor de Cristo (2 Pe. 1:5-11). Todos estos frutos espirituales y las añadiduras como sanidades, milagros y bendiciones terrenales, son los atributos de la humanidad y la divinidad de Jesucristo en la tierra santa del evangelio (Leer Jn. 5:39 y 6:53).

Lo opuesto es la incredulidad contra la fe, la debilidad contra el poder, la ignorancia contra la ciencia del Altísimo, la intemperancia contra la templanza, la impaciencia contra la paciencia, la impiedad contra la piedad, la indiferencia contra la confraternidad y el odio a alguien, en contra del amor divino. Las siete naciones cananeas prefiguraron los espíritus denominacionales, las doctrinas y las obras anticristo del nicolaísmo. Muchos saben que el  demonio amorreo es el nicolaísmo (gobierno humano sobre los creyentes), pero aunque lo detestan no se pueden liberar de su señorío autoritario, encarnado en los líderes del mundo iglesias. Es porque están comprometidos con el balaamismo. 

El balaamismo es el sistema de organización religiosa, basado en nombres sectarios, teología intelectual, herejías y eventos atractivos a los sentimientos humanos. Eso es humo de falsa gloria emocional que atrapa, pero no transforma a nadie. Al contrario, es muerte y ya está reprobado por Cristo (Ap. 3). Pero el evangelio apostólico es libre del anatema y de las maldiciones del pecado. Nos provee libertad, sanidad, paz y fortaleza mental . 

'Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia' (2 Pe. 1:3-4).

CONCLUSION

Como Josué tomamos la mente de Cristo, reinamos sobre la oscuridad religiosa y poseemos la sabiduría del evangelio de nuestra salvación.

'Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono' (Ap. 3:21).

Junio 2025

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LA UNIDAD DE LOS HIJOS DE DIOS


'Mas no ruego solamente por estos, sino por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. 

La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. 

Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como a mí me has amado (Juan 17:20-23).


La Unidad de Dios se manifestó en Cristo. Orando al Padre, le rogó que todos Sus discípulos tengamos esa misma unidad. El Padre es Uno con Cristo, porque es el Hijo Unigénito que engendró en Su seno y Se auto reveló a Sí Mismo (Sal. 2:7 y Jn. 1:18).  La revelación profética del Espíritu Santo aquí, es que la unidad de los hijos de Dios es por medio del Espíritu de Cristo en ellos. 

El Espíritu de Cristo es el Padre y es el Hijo. Esta es la Unidad de Dios que se hizo carne en Jesús. 'Porque en Cristo habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad' (Col. 2:9). 

Jesús sabe perfectamente que la respuesta del Padre es la gloria de Cristo en Su pueblo, así como fue y es con El eternamente. Y el Padre siempre le oyó. Sus discípulos conocieron y tuvieron al Padre y al Hijo en sus almas, porque Cristo se encarnó en ellos. La Unidad de Dios vivió en la persona y el cuerpo de cada uno. Eso produjo la unidad fraternal entre ellos y mostraron al mundo la respuesta divina al ruego de Jesús. Pero hoy, el pueblo creyente no se puede unir sin la revelación de Cristo en su corazón, porque la Unidad de Dios es Cristo Mismo. El dijo '...separados de mí nada podéis hacer' (Jn. 15:5). 

El Espíritu Santo verdadero nos está hablando hoy esta palabra de la Unidad de Dios. Digo el Espíritu Santo verdadero porque el credo trinitario romano es obra de otro espíritu, que ha inculcado a muchos que el Espíritu Santo de Dios es una tercera persona. 

La separación de la Divinidad en tres personas es el credo del espíritu trinitario.  El fin que persigue ese espíritu es impedir que los elegidos sean uno y tengan todos el mismo entendimiento de la Unidad de Dios, en sus mentes y corazones. Sabemos que es el diablo quien está detrás de eso, porque teme la unidad de los creyentes. Por eso, en el Nombre de Jesucristo te declaro pueblo de Dios, que el Espíritu Santo de la Biblia es el Unico Espíritu Eterno al cual oró Jesús. El no es tres espíritus en uno. El espiritu trinitario es un falso espíritu.

La obra del mismo ha sido imitar al Unico Dios Eterno. Pero no solo es el Unico Ser Supremo, sino que también es Uno en Sus oficios y funciones de Padre y de Cristo, el Hijo Unigénito. Es el Mismo Ser, no dos, ni tres personas (Dt. 6:4). No hay divisiones en Dios. El es absolutamente Uno, así como el hombre es un mismo ser, compuesto de alma, espíritu y cuerpo porque está hecho a la imagen y semejanza de Dios. Decir otra cosa es no tener revelación divina del Espíritu Santo Verdadero.

Si todos los creyentes somos uno con el Espíritu de Dios, de la misma forma que Jesucristo, entonces tenemos al Padre y al Hijo reinando y obrando la unidad fraternal en el corazón de cada uno (Jn. 14:23). Toda persona que no valora el ruego de Jesús en Juan 17 y no le interesa la unidad fraternal de los creyentes, es porque no tiene la gloria del Espíritu de Cristo en su corazón. 

Jesús dijo: 'La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno'.

'La gloria que me diste', indica la plenitud de Dios en la Humanidad de Jesucristo. Dios le reveló que el Padre y el Hijo era el Espíritu de Cristo que moraba en El. Dicho de otra manera, Cristo es la Unidad de Dios. Por lo tanto, la gloria que  Jesús nos ha dado a Sus discípulos al bautizarnos con el Espíritu Santo, es Cristo la Plenitud de Dios. Esto nos enseña que la respuesta del Padre a la oración de Jesús, es la unidad de nuestra mente humana con la mente de Cristo. 

Jesús hizo la petición al Padre, pero son los discípulos quienes tienen que poseer la respuesta. Si compartes el ruego de Jesús, no lo dejes ahí en el versículo. Tú y yo tenemos que procurar la respuesta del Padre, tomando por fe la mente de Cristo para ser llenos de la gloria de Dios. Cuando el Verdadero Espíritu Santo vive en ti y en mí, la evidencia es la mente de Cristo porque tenemos revelación divina de la palabra escrita


CONCLUSION


La gloria de Su mente nos ha sido dada. Los hijos de Dios deben tomarla en posesión, así como Israel se apropió de la tierra prometida. Su mente nos revela la sabiduría, el amor y el poder de la Unidad de Dios para la unidad fraternal. La gloria de Jesús es revelarnos a Cristo. Es por medio de El formado en nuestra alma y espíritu, que experimentamos el amor sacrificial del Cordero y la unidad de los hijos de Dios. 

Marzo 2025

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LA REVELACION PROFETICA


Lectura de Juan capítulo 10: 1 al 11

Vs. 1 - 'De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador' .

LUGAR DE SALVACION

Jesús nos enseña acerca del redil provisto por Dios a Sus ovejas para nuestra salvación. 'De cierto, de cierto os digo',  es que Su palabra tiene autoridad divina y no hay otra verdad aparte de la que El nos habla. El redil donde las ovejas están a salvo es la Biblia (2 Pe. 1:19). Ella da testimonio de la Persona, vida y obra de Jesucristo. El testimonio es el evangelio en griego y la buena noticia en español.

'Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el Espíritu de la profecía' (Ap. 19:10b). 

Esta palabra del ángel de Dios a Juan glorifica al Señor Jesucristo. Muchos creyentes han aceptado el testimonio del evangelio solo como plan de salvación del alma, pero no poseen su revelación profética. Esto ha perjudicado a hermanos fieles, porque miran las doctrina del evangelio como si fuera tan solo leche espiritual. Piensan que su mensaje es más para creyentes nuevos sin entendimiento, que para ellos. El diablo se ha aprovechado sutilmente de eso y les ha puesto un oscuro velo de ignorancia, para que el evangelio no sea entendido con la revelación del Espíritu Santo sino en forma sentimental. Es un ataque destructivo a tu mente, para que no se forme Cristo en ti. Por eso cabecearon las diez vírgenes y se durmieron en la oscuridad religiosa (Mt. 25:5).

Algunos consideran que es lo mismo la profecía y  la revelación profética del Espíritu. Pero no es así. La profecía es la palabra de Dios, pero la revelación profética es el significado espiritual de la palabra. No entender esto ha llevado a muchos a pronunciar revelaciones falsas que reciben de espíritus de error. Tú debes saber que la profecía del evangelio es el nuevo nacimiento del alma para que seas salvo. Pero la revelación profética es que tienes que renunciar a ti mismo, morir con Jesús en la cruz y en el sepulcro para participar de Su resurrección. Eso es nacer de nuevo, lo cual es ser salvos del pecado y tener vida eterna. Puedes ver que la profecía es libre, honesta y sincera. No anda con vueltas y adornos emocionales, para ver si te puede convencer. No es el verdadero Espíritu Santo, sino el hombre quien está hablando hoy con elocuencia persuasiva en el mundo iglesias, para atrapar tus sentimientos y emociones (1 Cor. 2:1). 

Pero cuando el Espíritu de Dios habla el evangelio en forma profética, te da otro testimonio de la verdad. El activa la Fe en tu alma, en la profundidad del corazón, para que creas en Jesucristo y luego entiendas que fue crucificado por causa de tus pecados. Debes arrepentirte y lavarte en Su sangre, rompiendo todo vínculo con las tinieblas (Ro. 6: 11-12). Luego, con oración y constancia aprende las doctrinas del evangelio. Ellas son la Sabiduría, la Justificación, la Santificación y la Redención en Cristo Jesús (1 Cor. 1:30).

LOS PASOS DE LA FE EN JESUCRISTO
 
1) Creer en Su sacrificio por los pecadores y arrepentirse de haber pecado. Este paso es la justificación del creyente. 

2) Creer en  el Nombre de Jesucristo, siendo bautizado en agua para el perdón de los pecados. Este paso es la santificación del creyente. 

3) Creer en Su resurrección y recibir por fe el Espíritu Santo. Este paso es la restauración del creyente a la Justicia de Dios en el Principio, cuando fuimos hechos justos en Su mente.

'Jesús, el Señor nuestro fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación' (Ro. 4:24-25).

Jesucristo descendió del Cielo de Dios. El se encarnó para ser 'para salvar a Su pueblo de sus pecados' (Mt. 1:20). La concepción tradicional de este verso bíblico anuncia una salvación futura del alma. Pero la revelación profética predica que tu entrega a Jesucristo te salva hoy de las tinieblas del diablo y del poder del pecado, a fin de no ser condenado (Leer Mr. 16:15-16). ¿Entonces, cómo es posible que seamos uno con El

La respuesta es
: Creyendo de todo corazón que solo El es tu Único Señor y Salvador. ¿Y cómo le demuestras a Dios y a ti mismo que has creído en El? C
reer en Jesucristo, como Dios lo revela, es obedecer el mismo evangelio del Nuevo Testamento. No encontrarás en las Escrituras los 'evangelios' modernos de éxito personal y beneficios de todo tipo, que anuncian hombres no enviados por el Señor. No hay ningún respaldo bíblico en el evangelio  ecuménico de los apóstatas para salvar el alma. Al contrario, es un mensaje de muerte y perdición. Asimismo, predicar solo arrepentimiento y buena conducta moral haciendo obras sociales es un evangelio recortado e incompleto. Los creyentes genuinos se quedan con lo que está escrito de la Biblia.

'Porque  nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo' (1 Cor. 3:11).

'Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo' (Ef. 2:20).

'Un Señor, una fe, un bautismo' (Ef. 4:5). 

'Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos' (Judas 1: 3).


LA PRIMERA PUERTA

En Apocalipsis 2:4, el Señor nos reclama el arrepentimiento y el regreso al principio de la Iglesia. Es un mensaje profético, porque le anuncia al hombre su deber de arrepentirse del pecado (ver Job 33:23). Obedecer el evangelio es entrar por la puerta de la salvación de Dios abierta en la tierra a toda la humanidad, para que libre tu alma de la perdición en el lago de fuego (Mr. 16:15-16; Ap. 3:8; 20:10-15 y 21:8). Cuando el Espíritu de profecía nos habla de esta puerta, tiene un poder revelador que te ayuda a creer correctamente con obediencia. No puede ser a través de interpretación privada ni de buenas obras. La revelación profética del evangelio nos conmueve el corazón en primera instancia, pero busca despertar y convencer a la conciencia de nuestro espíritu (Ro. 1:16-17). Su mensaje nos imparte la Fe de Dios y nos ayuda a creer y entender por qué Jesucristo nos amó profundamente a ti y a mí, y murió así de esa manera, humillado y crucificado en el Calvario.

La predicación del apóstol Pedro, en el día de Pentecostés, (Hch. cap. 2) es la primera puerta de salvación abierta  por Dios en la tierra. El Espíritu Santo profetizó en Pedro y nos reveló a todos que 
Jesucristo está en las palabras que  declaró ese día. Obedecerlas es para que seamos uno con El,  no seamos condenados por el pecado y recibamos la vida eterna. 

'Arrepentirse de los pecados,  bautizarse en el Nombre de Jesucristo para ser perdonados y recibir el don del Espíritu Santo' (Hch. 2:38). 

Esta palabra de Fe del Altísimo es la unión con el sacrificio del Señor Jesucristo para ser salvos. Nos identifica con Su sangre y con Su muerte. Tiene el Espíritu  profético de Elías porque produce la Justificación y la regeneración del creyente, quien al obedecer el evangelio demuestra creer en la obra expiatoria y redentora de Jesucristo. La verdadera salvación es todo el poder de Su muerte, sepultura y resurrección en el espíritu y el cuerpo. La Justicia de Cristo contenida en el evangelio salva nuestra alma y progresivamente sana nuestra mente de las consecuencias del señorío del pecado (Ro. 8:2).  

Cuando los profetas de Baal presentaron su holocausto (figura de la evangelización tradicional) en el monte Carmelo, no tuvieron ningún poder ni autoridad de lo alto que los respaldara delante de Israel. Pero cuando fue el turno de Elías de predicar el verdadero evangelio, el Espíritu de Dios descendió con el fuego de la revelación profética sobre su ofrenda y la consumió. El pueblo se convenció de sus pecados y se arrepintió de creer en la religión de Jezabel (1 Reyes 18:20-40). Eso es morir a sí mismo y nacer de nuevo. La revelación profética abre tu mente. Es el Espíritu Santo y el poder de Elías del séptimo ángel de Ap. 10:7, que ungió a nuestro hermano Branham y a todos los hijos de Dios, en esta hora. Es el mismo ángel que le dijo a Juan 'Adora a Dios' (Ap. 19:10). 

'Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios:

Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, y en el día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el día de salvación'  (2 Cor. 6:1-2) .

Hay muchas revelaciones falsas de hombres y mujeres que Dios no ha enviado. Son las puertas del infierno en movimientos religiosos y organizaciones que jamás fueron fundadas por el Señor. No hay una sola de ellas en las Sagradas Escrituras.  

Oveja de Dios: ¡Ten cuidado! ¡Apártate de toda literatura, instituciones y personas con falsa doctrina!  ¡Quédate con la Biblia, la palabra de Dios y recibe por fe Su Espíritu de sabiduría y de revelación!

El verdadero mensaje de la salvación del alma fue pervertido por predicadores inspirados por satanás.  Mucha gente ha caído en el engaño. Jesús previno a Su iglesia que el diablo se introduciría por arriba en el redil para señorear las ovejas, alejarlas del amor al evangelio y destruirlas. Ese arriba es el orgullo teológico intelectual, espectáculos emocionales  y obras de justicia propia del sistema religioso. El elegido jamás podrá crucificar el pecado escuchando voces humanas. Si te quedas con eso, nunca nacerás de nuevo, ni serás libre del viejo hombre. No menosprecies tu salvación.

'Les prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció (2 Pe. 2:19-21).  

Pero, la entrada correcta al redil de la Biblia no es por el techo o alguna ventana, sino por la puerta. La puerta es el mandamiento de convertirse al evangelio de todo corazón. Nos manda a todos los creyentes el correcto uso de la Fe: 1) Que nos humillemos en Su Presencia y renunciemos a nosotros mismos, por medio del arrepentimiento de haber sido incrédulos y pecadores. 2) Que sometamos el ego carnal a la sangre y a la muerte del Cordero de Dios, invocando el Nombre de Jesucristo en las aguas del bautismo. Ver las mismas palabras en Marcos 1:15, Hechos 2:38 y  3:19 y 20 del mismo libro.

'Tocad trompeta en Sion, proclamad ayuno, convocad asamblea. Reunid al pueblo, santificad la reunión, juntad a los ancianos, congregad a los niños y a los que maman, salga de su cámara el novio, y de su tálamo la novia. Entre la entrada y el altar lloren los sacerdotes ministros de Jehová, y digan: Perdona, oh Señor, a tu pueblo, y no entregues al oprobio tu heredad, para que las naciones se enseñoreen de ella. ¿Por qué han de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios? Y el Señor, solícito por su tierra, perdonará a su pueblo' (Joel 2:15-18).

Si tú reconoces la existencia de Dios y aceptas que Jesucristo es el Único Señor y Salvador que te dará la salvación del alma y la vida eterna, entonces ya es tiempo que te reconcilies con tu Padre Celestial. La profecía del Espíritu Santo te declara que estás en la noche oscura de la ignorancia, apartado de la gloria de Cristo (Ro. 3:23). Necesitamos la palabra revelada del Espíritu para salir de la oscuridad del pecado, el error y la ignorancia. Millones de almas no conocen su condición delante del Señor, ni saben qué es nacer de nuevo completamente.

'El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que está en él, debe andar como él anduvo' (1 Jn. 2:4-6).

Juan 10: 2 - 'Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es'

En el redil de la Biblia las ovejas reciben el Ministerio del Hijo de Dios. El es el Pastor de nuestras almas y también es el Príncipe de los pastores. ¿Por qué tiene que entrar al redil? Porque El es el autor de la palabra escrita y el Maestro de las ovejas. Si en tu corazón crees en Dios, confiesa con tu boca a Su Hijo Amado diciendo por fe: 'Jesucristo, tú eres mi Señor y Salvador...'. Pero no te quedes ahí. Después obedece el evangelio de Hechos 2:38,  porque hay que ser hacedores  de lo  que confesamos con la boca. Ten por seguro que El va a entrar en ti. Tiene que hacerlo, para enseñarte Su palabra y revelarse a Sí Mismo como la Fortaleza y la Vida Eterna de tu alma.

'Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo...Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre' (Gál. 1:11-12, 15-16).

Juan 10: 3 - 'A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca' . 

El Portero que administra el redil de las Escrituras y nos revela al Pastor es el Espíritu Santo.  Su obra profética es testificar de El y glorificarle,  recordarnos Su palabra y darnos el conocimiento del Hijo de Dios. Esto es iluminar a las ovejas que se han convertido a Su Nombre. Ellas necesitan el discernimiento del Espíritu Santo para entender la voz del Pastor. La evidencia de haber recibido el Espíritu Santo es que aceptas y te mantienes en la revelación de la palabra bíblica (revelación profética). Porque la palabra y el Espíritu son uno (Jn. 1:1-2). No solo aceptas lo que dice la Biblia en forma escrita, sino que eres un guardián y defensor de lo que Dios te revela en ella. 

'Y nosotros no hemos recibido el espíritu que proviene del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido' (1 Cor. 2:12).

Juan 10: 4-6 - 'Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños. Esta alegoría les dijo Jesús; pero ellos no entendieron qué era lo que les decía' .

La voz del Pastor a Sus ovejas es sonido de libertad. Sacarlas, significa desatarlas de sí mismas, para que Su Espíritu entre en sus corazones a perfeccionarlas en la palabra y transformarlas a la imagen de Cristo. Así es como el águila excita a sus hijos a que salgan del nido y los transporta en sus alas, hasta que aprendan a volar en ella y tengan verdadera identidad de águilas.

Los creyentes que son libres de sí mismos, porque ya no pertenecen al viejo hombre, son propiedad del Señor y ciertamente son los que pueden ir por donde quiera que El va. Siguen a Cristo Jesús en los lugares celestiales de Su palabra y oyen Su voz interior. En realidad, ellos solo anhelan oírle siempre y es por eso que van fielmente detrás del Pastor, hacia buenos pastos y aguas de reposo.

Juan 10: 7-9 - 'Volvió,  pues,  Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas. Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará,  y saldrá, y hallará pastos'.

En cuanto a los extraños, los elegidos no reciben el espíritu de mentira de ladrones y salteadores. Por esto, no obedecen las interpretaciones de la palabra de Dios hechas por hombres que El no ha enviado.


LA SEGUNDA PUERTA


'Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas.  Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono uno sentado' (Ap. 4:1-2).


'Después de esto miré...' es que luego de haber pasado por la primera puerta hay algo nuevo que nos espera, porque ya asumimos con firmeza que somos la Justicia, la Santidad y la Redención de Jesucristo. Ahora, el Espíritu de revelación profética viene con más Fe de Dios y abre el entendimiento del creyente (Ro. 1:17), para que discierna la mente babilónica del mundo y se aparte de eso. El Señor reúne nuestra mente y corazón con Su mente. Esta experiencia es la entrada por la segunda puerta 
abierta en el Cielo de Dios.

El que es Uno y el Único Dios verdadero sentado en Su trono, está hablando a Juan con voz de trompeta (Ap. 4:1-2). Esa voz es la predicación y enseñanza de Su Ministerio Apostólico (Heb. 9:11-28) manifestándose hoy en la tierra. Es Su Voz de Arcángel de 1 Tes. 4:16 que estás leyendo. Nos perfecciona el entendimiento de la palabra para la obra de Su Ministerio y nos edifica como Cuerpo de Cristo. El Buen Pastor nos reúne con El a Sus ovejas en el Lugar Santísimo para revelarse a Sí Mismo. Allí, nadie conoce al Padre sino el Hijo y todo aquel en quien el Hijo se manifiesta. Así es como Sus ovejas pueden identificar todo mensaje contrario, porque ¡son uno con Cristo la Palabra Viviente!

'Porque por medio de El los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre' (Ef. 2:18).  

Debemos ser uno con Su mente y permanecer en El. Eso es mantenernos fieles dentro de las Escrituras y alistarnos para recibir la Trompeta Final, que nos impartirá la Fe de rapto. El Buen Pastor nos conduce en Su Amor y nos hace descansar en el valle de Su humildad. Nos renueva en las aguas de Su reposo, a la sombra de Su misericordia y nos fortalece con los pastos tiernos de Su sabiduría, tan pura y amable. ¡Bendito es el Señor Jesucristo! ¡Restaura al creyente a su estado original en el Principio,  para darle la revelación del verdadero evangelio y de Su Persona! ¡El está perfeccionando el entendimiento de las Escrituras en Sus escogidos y los transforma a Su imagen para arrebatarlos y llevarlos a la Casa del Padre!

Juan 10:10-11 - 'El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas'.

En este mensaje, el Espíritu profético de Dios comenzó hablándonos de la puerta del evangelio que está abierta en la tierra (Ap. 3:8). Es la doctrina de la muerte del creyente en la cruz y su resurrección juntamente con Cristo. Por medio de Su sacrificio, El nos hizo un solo rebaño de ovejas, a judíos y gentiles escogidos para salvación.  Nos unificó a todos Sus hijos renacidos y nos mantiene firmes en la libertad con la que nos ha hecho libres. Juntamente con Su muerte en el madero morimos al pecado y el pecado fue muerto a nosotros ¡Sí, El nos hizo libres

'Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte' (Ro. 8:1-2).


Tenemos que tener puestos los ojos en Jesús para crecer y madurar en el espíritu. Su muerte en la cruz nos libró de la ley del pecado (del señorío del ego carnal) sobre nuestra persona (Ro. 6:14).  Pero resucitó, ascendió y nos llevó con El a la Casa del Padre para transformarnos con el amor de Su sacrificio.


CONCLUSION  


'Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados...Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús' (Ef. 2:1,4-7).

El Señor Jesucristo es el evangelio vivificante de Dios. Su mensaje fue modificado hace mucho tiempo por la interpretación teológica del hombre, para hacerlo más popular y aceptable por el mundo. Dios ha reprobado eso desde el primer siglo, porque le impide a la gente temer, honrar y conocer a Dios. Tiene que ser revelado por el Espíritu Santo a los creyentes, para que tengan autoridad sobre el maligno y triunfen sobre el ego carnal del mundo y de sí mismos. Hijos de Dios: Subid más alto en el Espíritu a poseer la experiencia de Jesucristo en el alma. El es la Persona del evangelio y de la Biblia a Quien Sus ovejas queremos oír y seguir, para ser salvos por la eternidad.

Enero 2025













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