Parte 1
'Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo' (1 Pedro 2:5).
En este mensaje considero el tabernáculo de Moisés en el desierto como la mayor referencia bíblica que tiene el pueblo creyente, para entender el llamamiento de Dios a ser de Jesucristo. Al mismo tiempo que El es nuestro Señor y Salvador, también El es en nuestro cuerpo y espíritu la casa y el sacerdote de un servicio espiritual perfecto, que nos demanda el Eterno a Sus escogidos (Jn. 15:5). Israel contó con el tabernáculo para aplicarlo en su corazón y convertirse al plan de Dios. La Iglesia del Nuevo Testamento cuenta con el verdadero evangelio para ser el tabernáculo Jesucristo.
EL TABERNACULO DE MOISES
"Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos. Conforme a todo lo que yo te muestre, el diseño del tabernáculo, y el diseño de todos sus utensilios, así lo haréis" (Exodo 25:8-9).
Este mandamiento de Dios fue dado a Moisés para tener Su morada en medio de Israel. Después moró en el Templo de Salomón (2 Crón. 6:3-6). Y a su debido tiempo envió a Su Hijo (Juan 1:14). Entonces la gloria Shekinah de Dios fue manifestada en Su cuerpo.
El diseño de todo el conjunto del tabernáculo de Moisés tuvo dos áreas: el atrio, y la estructura del santuario. Las entradas del atrio y del santuario miraban hacia el este. Primero estaba el altar del holocausto en el atrio, y luego el lavatorio de bronce. El ingreso al santuario era al Lugar Santo que contenía la mesa de los panes a la derecha, el candelero de oro (o candelabro) a la izquierda, y el altar del incienso delante del velo (o cortina) al final.
Escondido detrás del velo se encontraba el Santo de los Santos ( o Lugar Santísimo), el cual albergaba el arca del Pacto. Cada mueble habla de Cristo: el altar de bronce, es Su muerte sacrificial por nosotros (Ro. 3:25; 1 Jn 2:2); el lavatorio, es El con Su palabra limpiándonos (Jn 13:2-10; Ef. 5: 25-27); el candelero de oro, es Su iluminación a nosotros (Ap. 1:13); la mesa de los panes, es Su sustento a nosotros (Jn 6:27,59); el altar del incienso, es Su intercesión por nosotros (Jn 17:1-26; Heb. 7:25); el velo, es Su cuerpo que se rompió por nosotros (Heb. 10:20); y el arca del Pacto, es Su humanidad y deidad en medio de nosotros.
El tabernáculo fue el lugar de reunión de Yo Soy con los hijos de Israel (Ex. 29:42-46) y la tienda de la revelación divina donde el Señor declaraba Su voluntad a Moisés. (Leer Números cap. 17). Todo el recinto era el Pacto de Dios para que Su pueblo fuera un reino de sacerdotes y gente santa en la tierra, anunciando proféticamente al Señor Jesucristo como el templo y el ministro de nuestra salvación. El sacrificio de los animales cada día, en el altar de los holocaustos prefiguraban el poder permanente de Su muerte en la cruz, que nos mantiene fuertes y fieles a los hijos de Dios. Jesucristo es "aquel verdadero tabernáculo que construyó el Señor, y no el hombre" (Heb. 8:2).
"EL TABERNACULO DE LA CASA DE DIOS"
Observa estas dos frases usadas para el Tabernáculo de Moisés: "la casa (Heb: beth) del Señor" (Ex. 23:19) y "el tabernáculo (Heb: mishkan) de la casa de Dios" (1 Crón. 6:48). Es interesante notar cómo el Espíritu de revelación en Su sabiduría ha inspirado a escribir la forma que tenía. Nos corresponde ver un tabernáculo en el que realmente moraba Dios, así como se habita una casa; era un palacio dentro de un castillo.
La palabra "mishkan" en hebreo habla del lugar de morada o habitación que contiene la Presencia de Yo Soy en la Luz, llamada Shekinah. En el Nuevo Testamento, vemos expresado: "el templo del tabernáculo del testimonio" (Ap. 15:5), donde el templo es el propio santuario y el tabernáculo es el diseño de todo el edificio, incluyendo el atrio o patio exterior.
La puerta del atrio exterior representó la Fe de Jesucristo provista por Gracia al creyente, que lo conduce al altar del sacrificio y hacia el lavatorio de bronce. Eso es unirnos con Su muerte en la cruz y en el sepulcro por la palabra del bautismo en agua. El tabernáculo nos habla de la fusión de nuestra alma como sacerdote, de nuestro espíritu como santuario y de nuestro cuerpo como el atrio exterior donde se encuentra la muerte del Cordero de Dios crucificado y sepultado. Después de morir al pecado y el pecado morir a nosotros, resucitamos juntamente con El (2 Cor. 4:10). Entonces nos introdujo al Lugar Santo de Su Espíritu de sabiduría para perfeccionarnos en Su palabra (Col. 2:12) y asimismo nos ascendió con El al Lugar Santísimo en el Cielo de Dios, donde nos transforma a Su imagen (Ef. 2:6).
EL EVANGELIO EN EL TABERNÁCULO
Todo el exterior del tabernáculo prefiguró el cuerpo de Jesucristo en unidad con el santuario de Su Espíritu. Es la humanidad del Hijo del Hombre y la plenitud de Dios en El, para darnos vida eterna (Jn. 3:16). El altar del holocausto es la cruz donde Jesús padeció el Juicio de Dios al pecado. El cordero del sacrificio es Su cuerpo que murió crucificado para regenerarnos con la Justicia de Su sangre y cuerpo inmolado. El lavatorio de bronce es el sepulcro donde nos introdujo en el reposo de Dios. El agua del lavatorio es el lavamiento del perdón de pecados al bautizarnos en Su Nombre Jesucristo, y la santificación que recibimos por Su palabra (Ef. 5:26-27). La unión con Su muerte y con Su resurrección es el vestido de boda del nuevo nacimiento, que Dios nos demanda a Sus hijos. Y para ser uno con Su Hijo Amado hay que creer y obedecer las tres palabras del evangelio de Hechos 2:38, porque son la sangre, el agua y el Espíritu Santo en nuestro ser (1 Jn. 5:8).
Su naturaleza humana está presente en el evangelio y convierte el alma en un alma como la Suya: 'Un niño nos es nacido' (Is. 9:6). Ahora tenemos por Su palabra una nueva vida humana con la Divinidad de Cristo, porque 'El Hijo nos es dado' (Is. 9:6). Cuando renaces en forma completa eres hecho Cuerpo de Cristo (Mt. 25:10; Jn. 14:21-23 y 1 Cor. 12:13). Esta es la adopción de Hijo de Dios y las arras de nuestra gloria venidera, hasta la redención total de la posesión adquirida por Su sangre. En el embarazo natural no solo hay fecundación, sino también la gestación y el nacimiento de un niño. Debemos comprobar al 'Hijo nos es dado' (Is. 9:6), porque sin El formado en nosotros no somos ningún tabernáculo ni servicio sacerdotal según la voluntad de Dios.
Jesucristo glorificado es el arca y el trono de Dios en el Lugar Santísimo del tercer cielo (Ap. 4:2). El se sacrificó sobre el altar de Juicio al pecado en la cruz del Calvario por todos los seres humanos y por la creación terrestre. Si tú querido lector has creído, entra por fe en el tabernáculo Jesucristo por medio del evangelio predicado por el apóstol Pedro en el día de Pentecostés, para nacer de nuevo y ser uno con el Hijo de Dios .
"Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el Nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hch. 2:38).
"Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que fuésemos hechos Justicia de Dios en él" (2 Cor. 5:21).
Ahora, nuestra persona (el alma) como sacerdote debe permanecer en el Lugar Santo y obtener Su sabiduría y conocimiento. El Espíritu Santo es el Lugar Santo del creyente renacido para no andar conforme al ego de la carne, y el que nos revela la mente de Cristo (Ver Salmo 27:4 - Ro. 6:4 y 8:1 - Col. 2:12).
EL SACERDOCIO ESPIRITUAL
El ministerio de Apóstol y Sumo sacerdote de Cristo nos unge a Sus escogidos. En unidad fraternal nos edifica como la Ciudad Santa, Nueva Jerusalén de Dios con los atributos, dones y frutos de Su Espíritu. Su ministerio de ascensión nos provee la renovación mental, el pan de Su palabra, la adoración al Padre, la intercesión unos por otros en el altar del incienso y la perfección de nuestro entendimiento con el candelero de Su mente. Es en el Lugar Santo de Su Espíritu donde ejercemos nuestro sacerdocio en Cristo, el ministerio de un servicio verdadero con el cual nos presentamos al Padre en el Lugar Santísimo del tercer cielo. Los santos Novia son a través de Cristo la casa y el sacerdocio de Dios, porque "...el que se une al Señor, un espíritu es con él" (1 Cor. 6:17) y El es " el santuario de las moradas del Altísimo" (Salmo 46:4).
Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios" (Col. 3:3).
Amados creyentes del evangelio: Tomad por fe la mente de Cristo y los atributos de Su justicia y santidad en el corazón para ser la casa y el sacerdocio de Dios. Jesucristo es el modelo perfecto que ya fue hecho como nuestro templo y sacerdocio, y Dios Mismo es el Arquitecto y Constructor.
"Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios, el santuario de las moradas del Altísimo. Dios está en medio de ella; no será conmovida. Dios la ayudará al clarear la mañana" (Salmo 46:4-5).
Parte 2
LA GLORIA SHEKINAH
Sobre el asiento de la misericordia (más correctamente llamado la cubierta de misericordia) y "entre los dos querubines que están sobre el arca" del Pacto, se manifestaba la gloria Shekinah. Era Cristo el Angel de Dios. Aquí fue donde le reveló Su palabra a Su siervo Moisés. El le hablaba desde adentro de la gloria Shekinah. Entonces, a raíz de esto, debemos entender que el arca del Pacto habla proféticamente del Verbo de Dios, viniendo a morar en un tabernáculo de carne.
"Si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como dice el profeta: el cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; ¿O cuál es el lugar de mi reposo? ¿No hizo mi mano todas estas cosas?" (Hechos 7:48-50).
Hace ya más de dos mil años que Jesús fue concebido del Espíritu Santo en el vientre de la virgen María. Era la concepción de Dios destinada a construir para Sí Mismo una casa no hecha con manos. Jesús era el tabernáculo que Dios destinó para que la gloria Shekinah de Cristo, Su plenitud divina, morara en El a su debido tiempo (Hebreos 9:11 y 8:1-2). Después de Su nacimiento, creció en estatura y en sabiduría (Lucas 2:40,52). Así como el tabernáculo de Moisés donde la Presencia de Dios, en forma de nube, vino y llenó el edificio solo en el día señalado cuando estuviera completo y el mobiliario estuviera en su lugar (Ex. 39:32-43; 40:1-38) así también fue con el verdadero tabernáculo de Dios, Jesucristo, cuando el Espíritu de Dios, sin medida, vino a la hora señalada para morar en El después de Su bautismo en agua.
"También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él. Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquel me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ese es que el bautiza con el Espíritu Santo. Y yo le vi, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios." (Juan 1:32-34).
Entonces, la gloria Shekinah de Dios vino para manifestarse en la carne y habitar en medio del pueblo (Juan 1:14). Dios moró dentro del pueblo en el tabernáculo de la carne de Jesús. La carne de Jesús era el velo. Jesús, como el arca del Testamento, hospedaba la gloria Shekinah de Dios.
"Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre...
Los cuales (sacerdotes terrenales) sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole:
Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte. Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas" (Heb. 8:1-2, 5-6).
Proveniente de la gloria Shekinah de Dios en el corazón de Jesucristo, vino la Voz de Dios a Su pueblo, Israel. Habló a través del velo de la carne. No había necesidad de que un profeta mediara entre El y Su pueblo. Jesús era el Mediador (1 Tim. 2:5). El era el Mediador de un mejor Pacto (Heb. 12:24). Sin embargo, "Y el mediador no lo es de uno solo; pero Dios es uno" (Gál. 3:20). Fue hablando que Yo Soy se reveló a Sí Mismo, aunque escondiéndose de los sabios y prudentes. La carne de Jesús era Su velo. Detenía la carnalidad para que no pudieran reconocer la divinidad que había adentro. Los hombres carnales solamente podían ver a un "buen" hombre, porque al igual que el altar del incienso estaba ante el velo del Lugar Santo, así también la Vida de Cristo era un dulce aroma, no solo a Dios sino a toda la gente que entraba en contacto con El. Y así como el candelero de oro arrojaba su luz sobre la mesa de los panes en el Lugar Santo, también Cristo era la Luz, Quien vino a dar el Pan de Vida. La gente religiosa solo podía ver la apariencia externa del hombre Jesús y se maravillaban preguntando: "¿Qué clase de hombre es este?" que vuelve el agua en vino, que calma tormentas, que hace a los paralíticos caminar, a los mudos hablar y tantos otros milagros. Ellos continuarían en su antigua edad religiosa y en sus caminos tradicionales. Pero a Sus elegidos, Dios Se revelará por medio del Espíritu de revelación, hasta que ellos lo conozcan y digan como Pedro dijo: "¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios Viviente!" (Mateo 16:13-16).
EL LUGAR SANTISIMO
Bajo el asiento de la misericordia, en el arca del Pacto, estaban las tablas del Pacto o del Testimonio, que contenían la ley (Ex. 25:16). Mas tarde fueron agregados el recipiente de oro con el maná y la vara de Aarón que reverdeció (Heb. 9:4 - ver Ex. 16:33-34 y Núm. 17:10-11). Todo esto simbolizaba a Cristo como el arca de seguridad en el Pacto de Gracia. Cualquiera que entra en El será librado de la ira de Dios que está siendo derramada sobre el pecado. En Cristo fue la ley hecha perfecta, porque El era el Verbo que la dio y la cumplió. El era el maná que descendió del cielo y como la vara que estaba muerta y resurgió a la vida, El fue la resurrección y el cetro de la Vida. El era la Vida, y el pecado y la muerte no pudieron corromperlo.
En el libro de Hebreos, capítulos 9 y 10, Pablo hizo un contraste entre el Antiguo y el Nuevo Pacto. El Antiguo Testamento en sí mismo era puesto en vigor por la sangre rociada de las bestias sacrificiales sobre el Libro de la Ley, el pueblo, el tabernáculo y su mobiliario. La Ley es nuestro maestro de Justicia y de Juicio, porque condena al pecado. Y el pecado lleva a la muerte.
La sangre señala la muerte y la vida - muerte de un sacrificio pero vida a lo que toca - "sin derramamiento de sangre no hay remisión".
Por tanto, la sangre de los sacrificios literalmente mantenía con vida a los hijos de Israel, el pueblo escogido de Dios. Mientras el tabernáculo de Moisés refleja la asamblea de los verdaderos adoradores en el Cuerpo de Cristo, que es el verdadero Israel Espiritual, la sangre del Cordero purga y redime a todos los elegidos de Dios como un pueblo. Todos estos son patrones de cosas celestiales sobre las que Cristo, como el Sumo Sacerdote, entrando en el Cielo de Dios una vez y por todas roció Su sangre, perfeccionando para siempre a aquellos que están consagrados y hechos santos. Amén.
Pero observa, mientras los cuerpos de las bestias sacrificiales que fueron muertos en el día de la expiación eran sacados del tabernáculo para ser quemados, su sangre era llevada al templo (o santuario) - (Lev. 16:27). De la misma manera, Jesús, el Cordero de Dios fue tomado, crucificado y sepultado fuera del campamento de la ciudad de Jerusalén (Heb. 13:11-12), pero El, como Sumo sacerdote, introdujo Su propia sangre en la eternidad para presentarla delante de Yo Soy, Su Padre Celestial (Juan 20:17). Cristo Jesús, habiendo entrado en el Cielo, ahora está sentado a la diestra del poder (Col. 3:1).
"Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad" (Col. 2:9).
A fin de que la gloria Shekinah de Dios, introducida en Cristo Jesús (el Verbo - Arbol de Vida - hecho carne), pudiera ser derramada sobre un pueblo predestinado, el cuerpo de Jesús (el velo) debía primero ser roto y abierto para liberarla. Jesús, hablando de Su cuerpo, dijo: "Destruid este templo, y en tres días lo levantaré" (Juan 2:19,21). Otra vez, dijo, "Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre" (Juan 10:17-18). Por lo tanto, por medio de este "camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne" podemos entrar corporalmente al Lugar Santísimo por la sangre de Cristo (Heb. 10:19-20). ¡Aleluya! A causa de la sangre de Jesús, que quitó nuestro pecado, ahora podemos entrar en el Lugar Santísimo y tomar de la Vida de la gloria Shekinah de Dios. ¡Alabado sea el Señor! Se cumplió como Jesús dijo, "Nadie viene al Padre, sino por mí" (Juan 14:6b). Por medio del Espíritu de revelación, el apóstol Pablo lo escribió, y por el mismo Espíritu, el apóstol Juan, quien fue tomado al segundo cielo, lo vio. Juan dijo:
"Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo..." - Ap. 11:19a.
"Después de estas cosas miré, y he aquí fue abierto en el cielo el tabernáculo del testimonio;" - Ap. 15:5.
"Y el templo se llenó de humo por la gloria de Dios, y por su poder..." - Ap. 15:8a.
Amado, ¿has visto lo que Juan vio y lo que Pablo escribió? ¿has visto la Luz? ¿has recibido el Espíritu de revelación y entrado en el reino del segundo cielo? ¿has probado la savia de Su gloriosa Vida? Los hijos de Aarón (el Sumo Sacerdote), quienes ministraban en la segunda dimensión del tabernáculo de Moisés, no pudieron ver lo que ocurría detrás del velo. Pero a nosotros, quienes somos los hijos de Dios, nos es dado el privilegio de ver lo que yace más allá del velo, porque nuestro Sumo sacerdote Cristo Jesús ha roto el velo de Su cuerpo y nos ha revelado la gloria Shekinah de la plenitud divina.
CONCLUSION
"Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego" (Ap. 10:1).
Sobre el asiento de la misericordia (más correctamente llamado la cubierta de misericordia) y "entre los dos querubines que están sobre el arca" del Pacto, se manifestaba la gloria Shekinah. Era Cristo el Angel de Dios. Aquí fue donde le reveló Su palabra a Su siervo Moisés. El le hablaba desde adentro de la gloria Shekinah. Entonces, a raíz de esto, debemos entender que el arca del Pacto habla proféticamente del Verbo de Dios, viniendo a morar en un tabernáculo de carne.
"Si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como dice el profeta: el cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; ¿O cuál es el lugar de mi reposo? ¿No hizo mi mano todas estas cosas?" (Hechos 7:48-50).
Hace ya más de dos mil años que Jesús fue concebido del Espíritu Santo en el vientre de la virgen María. Era la concepción de Dios destinada a construir para Sí Mismo una casa no hecha con manos. Jesús era el tabernáculo que Dios destinó para que la gloria Shekinah de Cristo, Su plenitud divina, morara en El a su debido tiempo (Hebreos 9:11 y 8:1-2). Después de Su nacimiento, creció en estatura y en sabiduría (Lucas 2:40,52). Así como el tabernáculo de Moisés donde la Presencia de Dios, en forma de nube, vino y llenó el edificio solo en el día señalado cuando estuviera completo y el mobiliario estuviera en su lugar (Ex. 39:32-43; 40:1-38) así también fue con el verdadero tabernáculo de Dios, Jesucristo, cuando el Espíritu de Dios, sin medida, vino a la hora señalada para morar en El después de Su bautismo en agua.
"También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él. Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquel me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ese es que el bautiza con el Espíritu Santo. Y yo le vi, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios." (Juan 1:32-34).
Entonces, la gloria Shekinah de Dios vino para manifestarse en la carne y habitar en medio del pueblo (Juan 1:14). Dios moró dentro del pueblo en el tabernáculo de la carne de Jesús. La carne de Jesús era el velo. Jesús, como el arca del Testamento, hospedaba la gloria Shekinah de Dios.
"Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre...
Los cuales (sacerdotes terrenales) sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole:
Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte. Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas" (Heb. 8:1-2, 5-6).
Proveniente de la gloria Shekinah de Dios en el corazón de Jesucristo, vino la Voz de Dios a Su pueblo, Israel. Habló a través del velo de la carne. No había necesidad de que un profeta mediara entre El y Su pueblo. Jesús era el Mediador (1 Tim. 2:5). El era el Mediador de un mejor Pacto (Heb. 12:24). Sin embargo, "Y el mediador no lo es de uno solo; pero Dios es uno" (Gál. 3:20). Fue hablando que Yo Soy se reveló a Sí Mismo, aunque escondiéndose de los sabios y prudentes. La carne de Jesús era Su velo. Detenía la carnalidad para que no pudieran reconocer la divinidad que había adentro. Los hombres carnales solamente podían ver a un "buen" hombre, porque al igual que el altar del incienso estaba ante el velo del Lugar Santo, así también la Vida de Cristo era un dulce aroma, no solo a Dios sino a toda la gente que entraba en contacto con El. Y así como el candelero de oro arrojaba su luz sobre la mesa de los panes en el Lugar Santo, también Cristo era la Luz, Quien vino a dar el Pan de Vida. La gente religiosa solo podía ver la apariencia externa del hombre Jesús y se maravillaban preguntando: "¿Qué clase de hombre es este?" que vuelve el agua en vino, que calma tormentas, que hace a los paralíticos caminar, a los mudos hablar y tantos otros milagros. Ellos continuarían en su antigua edad religiosa y en sus caminos tradicionales. Pero a Sus elegidos, Dios Se revelará por medio del Espíritu de revelación, hasta que ellos lo conozcan y digan como Pedro dijo: "¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios Viviente!" (Mateo 16:13-16).
EL LUGAR SANTISIMO
Bajo el asiento de la misericordia, en el arca del Pacto, estaban las tablas del Pacto o del Testimonio, que contenían la ley (Ex. 25:16). Mas tarde fueron agregados el recipiente de oro con el maná y la vara de Aarón que reverdeció (Heb. 9:4 - ver Ex. 16:33-34 y Núm. 17:10-11). Todo esto simbolizaba a Cristo como el arca de seguridad en el Pacto de Gracia. Cualquiera que entra en El será librado de la ira de Dios que está siendo derramada sobre el pecado. En Cristo fue la ley hecha perfecta, porque El era el Verbo que la dio y la cumplió. El era el maná que descendió del cielo y como la vara que estaba muerta y resurgió a la vida, El fue la resurrección y el cetro de la Vida. El era la Vida, y el pecado y la muerte no pudieron corromperlo.
En el libro de Hebreos, capítulos 9 y 10, Pablo hizo un contraste entre el Antiguo y el Nuevo Pacto. El Antiguo Testamento en sí mismo era puesto en vigor por la sangre rociada de las bestias sacrificiales sobre el Libro de la Ley, el pueblo, el tabernáculo y su mobiliario. La Ley es nuestro maestro de Justicia y de Juicio, porque condena al pecado. Y el pecado lleva a la muerte.
La sangre señala la muerte y la vida - muerte de un sacrificio pero vida a lo que toca - "sin derramamiento de sangre no hay remisión".
Por tanto, la sangre de los sacrificios literalmente mantenía con vida a los hijos de Israel, el pueblo escogido de Dios. Mientras el tabernáculo de Moisés refleja la asamblea de los verdaderos adoradores en el Cuerpo de Cristo, que es el verdadero Israel Espiritual, la sangre del Cordero purga y redime a todos los elegidos de Dios como un pueblo. Todos estos son patrones de cosas celestiales sobre las que Cristo, como el Sumo Sacerdote, entrando en el Cielo de Dios una vez y por todas roció Su sangre, perfeccionando para siempre a aquellos que están consagrados y hechos santos. Amén.
Pero observa, mientras los cuerpos de las bestias sacrificiales que fueron muertos en el día de la expiación eran sacados del tabernáculo para ser quemados, su sangre era llevada al templo (o santuario) - (Lev. 16:27). De la misma manera, Jesús, el Cordero de Dios fue tomado, crucificado y sepultado fuera del campamento de la ciudad de Jerusalén (Heb. 13:11-12), pero El, como Sumo sacerdote, introdujo Su propia sangre en la eternidad para presentarla delante de Yo Soy, Su Padre Celestial (Juan 20:17). Cristo Jesús, habiendo entrado en el Cielo, ahora está sentado a la diestra del poder (Col. 3:1).
"Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad" (Col. 2:9).
A fin de que la gloria Shekinah de Dios, introducida en Cristo Jesús (el Verbo - Arbol de Vida - hecho carne), pudiera ser derramada sobre un pueblo predestinado, el cuerpo de Jesús (el velo) debía primero ser roto y abierto para liberarla. Jesús, hablando de Su cuerpo, dijo: "Destruid este templo, y en tres días lo levantaré" (Juan 2:19,21). Otra vez, dijo, "Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre" (Juan 10:17-18). Por lo tanto, por medio de este "camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne" podemos entrar corporalmente al Lugar Santísimo por la sangre de Cristo (Heb. 10:19-20). ¡Aleluya! A causa de la sangre de Jesús, que quitó nuestro pecado, ahora podemos entrar en el Lugar Santísimo y tomar de la Vida de la gloria Shekinah de Dios. ¡Alabado sea el Señor! Se cumplió como Jesús dijo, "Nadie viene al Padre, sino por mí" (Juan 14:6b). Por medio del Espíritu de revelación, el apóstol Pablo lo escribió, y por el mismo Espíritu, el apóstol Juan, quien fue tomado al segundo cielo, lo vio. Juan dijo:
"Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo..." - Ap. 11:19a.
"Después de estas cosas miré, y he aquí fue abierto en el cielo el tabernáculo del testimonio;" - Ap. 15:5.
"Y el templo se llenó de humo por la gloria de Dios, y por su poder..." - Ap. 15:8a.
Amado, ¿has visto lo que Juan vio y lo que Pablo escribió? ¿has visto la Luz? ¿has recibido el Espíritu de revelación y entrado en el reino del segundo cielo? ¿has probado la savia de Su gloriosa Vida? Los hijos de Aarón (el Sumo Sacerdote), quienes ministraban en la segunda dimensión del tabernáculo de Moisés, no pudieron ver lo que ocurría detrás del velo. Pero a nosotros, quienes somos los hijos de Dios, nos es dado el privilegio de ver lo que yace más allá del velo, porque nuestro Sumo sacerdote Cristo Jesús ha roto el velo de Su cuerpo y nos ha revelado la gloria Shekinah de la plenitud divina.
CONCLUSION
"Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego" (Ap. 10:1).
"...El esposo vino; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta" (Mt. 25:10).
Cristo ha descendido a los hijos de Dios en este tiempo final, antes del arrebatamiento. El tiene como propósito revelarnos Su Persona (Jn. 14:1-3). En el Lugar Santísimo del tabernáculo, Cristo le revelaba Su palabra a Moisés. Ahora, El nos habla a ti y mí con Voz de arcángel para perfeccionarnos en Su palabra, transformarnos en Su Esposa y edificarnos como la casa espiritual y el sacerdocio del Cuerpo de Cristo.