EL MANA DEL CREYENTE



Lectura de Exodo 16:1-36.

Verso 1:

"Partió luego de Elim toda la congregación de los hijos de Israel, y vino al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, a los quince días del segundo mes después que salieron de la tierra de Egipto".

ENTRE ELIM y SINAÍ 

I
srael fue renovado en el oasis de Elim antes de llegar a Sinaí, en su marcha hacia Canaán. También la Novia de Cristo ungida por el Espíritu Santo se regocija y alaba en el oasis de su salvación. Elim es el refrigerio del Espíritu Santo en nuestro espíritu, para mantener la fe en nuestro viaje hacia Canaán, la herencia de la plenitud de Cristo.

"En libertad y luz me vi, cuando triunfó en mí la fe. 
 Y el raudal carmesí salud de mi alma enferma fue".  

Versos 2 y 3:

"Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto; y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud".

Los hebreos fueron rescatados de la esclavitud egipcia por el Señor, a través de Moisés. Pero la ignorancia  y dureza de corazón en la gran mayoría de ellos no les permitió corresponder al llamamiento del amor de Dios, Su Redentor. En Sin tuvieron hambre. Esto significa hoy el vacío de fortaleza interior.  Reclamaron a Moisés y Aarón la provisión de alimento porque ellos no asumían personalmente la responsabilidad de creer y clamar directamente al Señor que los rescató. El los estaba probando cuando les dio agua y alimento en Elim. Ahora, cuando tuvieron hambre en el desierto de Sin no tuvieron presente los hechos poderosos anteriores que Dios hizo para ellos. Entonces vemos que el hambre espiritual de algunos creyentes es no tener firmeza y confianza en la fe, por no conocer la revelación del evangelio.

Ellos miraron atrás hacia Egipto buscando apoyo en el mundo que los esclavizó. Ese espíritu de razonamiento fluctuante moraba en sus corazones. Fueron seguidores de los hombres porque ellos satisfacían su egoísmo con ollas de carne. Es lo que ha conseguido hoy la enseñanza de la organización religiosa. Un Cristianismo moderno malcriado, hambriento de aspiraciones carnales y materialistas. Y ésa era la presión de Israel sobre Moisés y Aarón.

Versos 4 al 12:

"Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley,  o no". 
"Mas en el sexto día prepararán para guardar el doble de lo que suelen recoger cada día". 
"Entonces dijeron Moisés y Aarón a todos los hijos de Israel: En la tarde sabréis que Jehová os sacado de la tierra de Egipto,"
"y a la mañana veréis la gloria de Jehová; porque él ha oído vuestras murmuraciones contra Jehová; porque nosotros, ¿qué somos,  para que vosotros murmuréis contra nosotros?"
"Dijo también Moisés: Jehová os dará en la tarde carne para comer, y en la mañana pan hasta saciaros; porque Jehová ha oído vuestras murmuraciones con que habéis murmurado contra él; porque nosotros  ¿qué somos? Vuestras murmuraciones no son contra nosotros, sino contra Jehová".
"Y dijo Moisés a Aarón: Dí a toda la congregación de los hijos de Israel:  Acercaos a la presencia de Jehová, porque él ha oído vuestras murmuraciones".
"Y hablando Aarón a toda la congregación de los hijos de Israel, miraron hacia el desierto, y he aquí la gloria de Jehová apareció en la nube".
"Y Jehová habló a Moisés, diciendo": 
"Yo he oído las murmuraciones de los hijos de Israel; háblales, diciendo: Al caer la tarde comeréis carne, y por la mañana os saciaréis de pan, y sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios".

La mansedumbre de Cristo estaba en el desierto de Sin y con El se identificó Moisés. (Sin es arcilla). Por eso fue dócil al Señor como el barro del alfarero. Ni siquiera tuvo que orar por el asunto. La voz del Señor  le reveló un nuevo alimento que fue nombrado maná por el pueblo y fue la salvación de Israel. Uno debe salir cada día y almacenar en su corazón una porción del maná del cielo que hoy ha descendido a nosotros. Es Cristo y Su palabra (Jn. 6:63). En el verso 8 dice: "Al caer la tarde comeréis carne...".  Es0 es participar no solo del maná sino también del alimento sólido de todas las doctrinas de la Biblia. En esta hora del Fin, la carne es la sabiduría apostólica y profética del ministerio quíntuple de Cristo, que perfecciona el entendimiento de los santos (Ef. 4:11-12). "Y por la mañana os saciaréis de pan". El amanecer significa ser diligentes en el conocimiento del evangelio. Debemos escudriñar la justificación, la santificación y la redención de Cristo que nos revela la palabra de salvación. Eso es comer la carne y beber la sangre del Pan del cielo (Jn. 6:56-71).

"Y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía. Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al Arbol de la Vida, y para entrar por las puertas en la ciudad" (Ap. 22:11b, 14)

Amados hermanos, el fin de nuestra fe es la salvación del alma por medio del maná del cielo y este alimento es Cristo en el verdadero evangelio. El es el Pan de Vida que ha descendido al corazón de Sus santos Novia, para revelarnos la doctrina de nuestra salvación. 


"Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo" (Juan 6:51).

En Exodo 16, desde los versos 13 al 30, somos enseñados cómo proceder correctamente con el conocimiento del evangelio. En el séptimo día, el de reposo,  no había maná. Es decir, tenían maná almacenado y no debían salir a recogerlo ese día. Esto nos indica que debemos reposar en lo que ya está provisto en la obra de Jesucristo. El nos justificó del pecado por la fe en Su sangre guiándonos al arrepentimiento y nos santificó en Su muerte al bautizarnos en Su Nombre, para reconciliarnos con Dios. Comer Su carne y beber Su sangre es ser uno con Jesús en Su muerte, confesando y obedeciendo la palabra de la cruz. La humanidad y divinidad del Hijo de Dios vive en la doctrina del evangelio para ser nuestro maná. Así es como nos hace fuertes y firmes en la libertad con la que nos ha hecho libres. 

"Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada a esta Gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios" (Ro. 5:1-2).

Por esto es que no hay que agregar ninguna justicia propia  como muchos cristianos han hecho, buscando  maná en estudios intelectuales de teología. Eso está fuera de la mente de Cristo,  porque  es mezclar  la  fe  con el razonamiento humano. La obediencia al evangelio que fue anunciado en Pentecostés es el reposo de Dios, que El demanda en nosotros. La doble porción de maná en el sexto día nos muestra la suficiencia de la salvación y de la obra redentora del Señor. 

Desechemos toda idea personal, reposando completamente en Cristo. Este día es la Séptima Edad de la Iglesia en Laodicea y el Amén del Tiempo del Fin (Ap. 3:14). ¡Alabado sea nuestro Dios y Salvador! ¡El evangelio original es nuestro absoluto reposo de toda obra de justicia propia para ser salvos! Ya Dios ha consumado Su Gracia con la predicación mundial del evangelio (ver Ap. 3:8a).

La justificación por fe, la santificación por la palabra y andar conforme al Espíritu Santo es permanecer en Cristo.
 
"Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre...He aquí,  yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona" (Ap. 3:8,11).

Y así como Israel recogió el maná durante seis días y reposó el séptimo día, ahora Su Iglesia en esta séptima Edad de Laodicea reposa en el evangelio puro del Señor Jesucristo, de Hechos 2:38. Porque es el depósito que contiene el Espíritu, la sangre y el agua que salieron de Su costado en  el Calvario. Nada hay aparte de Su obra mediadora para que obtengamos la paz con Dios y Su día de reposo en el alma. Solamente es a través de la fe  en Su sangre, el arrepentimiento de pecados y el bautismo de agua en el Nombre de Jesucristo.  Luego el don del Espíritu Santo nos bautiza en la resurrección del Señor y en la revelación de Su palabra.

Las palabras del verdadero evangelio obran el nuevo nacimiento y la revelación del Hijo de Dios en el creyente. Buscar algo más, como hicieron algunos en Israel, es justicia propia por ser obra de la carne. El evangelismo moderno no puede conseguir el nuevo nacimiento completo. Solo te deja a medio camino, como a un niño en gestación que se demora en nacer y ver la luz del día. El nuevo nacimiento que viene del Espíritu de Dios es una nueva alma y espíritu humano, donde la divinidad del Hijo de Dios se tiene que manifestar, pues El lo ha prometido (ver Jn. 14:21-23).

'Porque un niño nos es nacido, Hijo nos es dado...' (Is. 9:6).

'Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema'  (Gál. 1:8).

Verso 28:

"¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes" .

El Señor le reveló Su palabra a Moisés (Salmo 103:7) para comunicarla a Israel, con la participación de Aarón. Moisés es el ministerio apostólico y Aarón es el sacerdocio de Cristo en el Nuevo Testamento, que nos declara mandamientos y leyes de Dios en forma de exhortaciones y enseñanzas. Debemos guardarlas y no cuestionarlas. Pero a algunos les gusta hacer las cosas por su propia cuenta. Y El los conoce. El maná del cielo son las verdades del Espíritu que recibimos en este desierto de la vida terrenal.  Son la  blanca simiente de Su palabra revelada,  dulce como la miel.

"Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido amargó mi vientre" (Ap. 10:10).

El pan del cielo es la revelación de Jesucristo. Pero otros dicen: Pero otros dicen:  "¿Qué es esto?". Porque prefieren la interpretación intelectual de algún teólogo no les es dada la revelación divina. Entonces comen el  mensaje híbrido del hombre.
  
EL GUARDIÁN DEL EVANGELIO

Verso 34:

"Y Aarón lo puso delante del Testimonio para guardarlo, como Jehová lo mandó a Moisés".

En el Lugar Santísimo del cielo está 
el Arca del Testimonio de Dios, nuestro Señor Jesucristo. Delante de El fue presentado el evangelio de nuestra salvación por el apóstol Pedro, el día de Pentecostés, así como Aarón presentó el maná delante del Testimonio escrito en tablas de piedra. El 
resucitó de entre los muertos para ser el Guardián que respalda y defiende el verdadero mensaje evangelístico (Ro. 4:25).

La palabra que predican los apóstoles del Nuevo Pacto sale del Arca que está en el cielo, porque es El es el Testimonio fiel y verdadero. Para ser el varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, debemos comer el maná de Su ministerio de ascensión todos los hijos de Dios que aman la verdad de la salvación.  Esto es porque Cristo es el autor y el consumador del evangelio. Dios mandó a Moisés que Aarón guardara una medida de maná delante de las tablas de la Ley, que estaban dentro del Arca, en el Lugar Santísimo del Tabernáculo. La Ley era el Testimonio de la Justicia y de la voluntad de Dios, primero para Israel y luego para toda la humanidad. El maná tuvo un lugar prominente junto a ella en la Presencia de Dios,  porque prove salvación a Israel de morir en el desierto y el poder para continuar cada jornada de su peregrinación

Verso 35:

"Así comieron los hijos de Israel maná cuarenta años, hasta que llegaron a tierra habitada; maná comieron hasta que llegaron a los límites de la tierra de Canaán".

Israel dependió del maná hasta la frontera de Canaán. Esto significa que cuando hemos madurado en el entendimiento del evangelio, entonces llegó la hora de entrar en la tierra santa de la mente de Cristo para ser perfectos y servirle (Ef. 4:12-13). El primer lugar que Su mente nos revela es la región oriental de Cademot (Dt. 2:26). Este lugar en Canaán representó la doctrina de la Gracia de Dios, 
que nos revela a Jesucristo y nos afirma en El. Su obra mediadora, expiatoria y redentora nos ha hecho libres de la esclavitud religiosa legalista, del caos y confusión del mundo iglesias y de todo formalismo institucional (Gál. 5:1). 

La Gracia es el escudo de la fe, para enfrentar al amorreo. Este espíritu de satanás es el nicolaísmo, un demonio de señorío autoritario y dominante encarnado en los falsos ministros 'evangélicos'. Ellos se creen dueños de la palabra de Dios y obstaculizan en los hijos de Dios su posesión de la mente de Cristo. Pero, 'Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes' (1 Pe. 5:5b). Los límites de la buena tierra con el desierto son la separación que hay entre la mente de Cristo y la mente carnal.

El desierto es la vida en el mundo con la cual convivimos diariamente. Israel fue figura del Cuerpo de Cristo bajo el liderazgo del Señor Jesucristo. Por El vivimos, nos movemos y somos en el desierto terrenal como gente espiritual, porque nos identificamos con el evangelio.  Siendo ungidos por el Espíritu Santo podemos ver cómo surgen en nuestros corazones los límites sagrados de la palabra de Dios con el reino pecador. Por lo tanto, asumamos Quién es nuestra vocación y elección. 

La tierra prometida ya no el maná del conocimiento básico acerca de la salvación del alma, sino el alimento sólido de toda la Biblia. El maná es la Justificación y la Santificación del creyente, pero la tierra santa es toda la sabiduría bíblica que perfecciona a los santos para la guerra espiritual. El objetivo mayor es ser transformados a la imagen de Cristo, la herencia del evangelio.

"Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; al afecto fraternal, amor". 

"Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo".

"Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas no caeréis jamás". 

"Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor Jesucristo. Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente" (2 Pe. 1:5-12)

Ahora veamos más de cerca las doctrinas básicas del evangelio, a fin de identificarnos con el maná de nuestra salvación.

LA JUSTIFICACION

"Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de voluntad de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios" (Jn 1:12-13).

El Espíritu Santo nos visitó un día a cada hijo de Dios. Nos dio la fe para que creamos y aceptemos a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador. En el creer comenzó el proceso de la justificación (ver Ro. 5:1). Luego, el Espíritu hizo guardia sobre ella. Nos defendió del mundo pecador y de la mezcla con  la religión del hombre  a través de los años. Hasta que en este día del tiempo del Fin, la misericordia de Dios despierta tu conciencia para que te conviertas completamente al Señor.

"Por lo cual dice:  Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos, Y te alumbrará Cristo.  Mirad, pues con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor" (Ef. 5:14-17).

Debemos convertimos íntegramente al evangelio de Hechos 2:38 para que Cristo sea formado en nuestra alma y espíritu, porque El es la voluntad de Dios para ti y para mí. Los que se arrepienten de sus pecados, de ídolos, de sus propias creencias y se bautizan en Su Nombre Jesucristo recibirán el poder del Espíritu Santo, para ser perfeccionados en la palabra y transformados a la imagen de Cristo. 

Por eso dice la Escritura: "...a los que creen en Su Nombre, les dio potestad de ser hechos Hijos de Dios" en Jn. 1:12.  Esto es cuando se unen por fe con el cuerpo de Jesús en el sepulcro, por medio del bautismo. Cuando creen de todo corazón en Su Nombre es cuando se liberan de sí mismos, es decir, que ya no se fían de ninguna religión humana para ser justificados y aceptados por Dios. Dejan de argumentar que ya se bautizaron en los títulos Padre, e Hijo y Espíritu Santo del bautismo evangélico trinitario. Renuncian de todo corazón al trinitarismo, porque surge en sus almas la seguridad de que son hijos de Dios y no deben tener mancha ni alguna cosa de qué avergonzarse. Los escogidos desean la pureza absoluta de lo que están creyendo. Ven que ahora son  libres por Su Nombre de la culpa del pecado y de la condenación de la ira venidera del Señor. 

No hay otro Nombre debajo del cielo para que recibamos la Justicia del Dios de salvación. Nuevamente os digo que no debe haber dudas o miedo con respecto a esto tan sagrado, en los que no se han bautizado aun o fueron bautizados erróneamente en el bautismo trinitario de los títulos Padre, e Hijo y Espíritu Santo. El que no cree a esto, pues allá él, ante Dios responderá. Pero el verdadero creyente debe bautizarse correctamente en el Nombre de Jesucristo.  Y con respecto a los que ya fueron bautizados en Su Nombre conforme a las Escrituras, reflexionen profundamente cuanto antes en esta hora del Fin, examinen su arrepentimiento y conviértanse a lo que han recibido. 

"Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio" (Hch. 3:19).

El no amar esta palabra significa  que estás creyendo aun en tí mismo o en algo más y no eres un guardián de tu salvación. La túnica de justificación está manchada por otras creencias. Por tanto, la vida de Cristo no puede salir.  La conversión que tienes en tu alma es regeneración que debe crecer, hasta que Cristo se pueda manifestar en ti.

"Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro,..."

 - Y ahora, nota esto que sigue: 

"...hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones" (2 Pe. 1:19).

El creyente que confía en Jesucristo le ama como su Señor. Quiere ser confirmado en Su justificación y estar a salvo de la ira venidera. Recuerda siempre que la sangre de Jesús le ha lavado y le ha limpiado de sus pecados por obedecer la palabra de Hechos 2:38. Su alma es libre por la fe en Su muerte y en Su resurrección. 

"Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá" (Ro. 1:17).

"Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero" (1 Tim. 1:15).

LA SANTIFICACION

Lectura de Romanos 6:7-14, 22.

"Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado". 

"Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con El";

"sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de El".

"Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive".

"Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro". 

"No reine,  pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias"; 

"ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia". 

"Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la Gracia..." 

"Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna".

Jesús  nos ha justificado en Su sangre y también nos ha santificado en Su muerte. Santidad es pureza, y muerte es separación. Es decir, que podemos vivir para Dios estando limpios y separados del pecado mediante el poder de Su sacrificio. En el bautismo de agua en Su Nombre somos liberados del señorío del pecado. Ahora hay vida nueva y el fruto de esta vida es la santidad del Señor Jesucristo en el creyente justificado (2 Pe. 1:5). Esta obra del Espíritu Santo es permanente y va en aumento hacia la madurez del espíritu en un varón perfecto. Nos sostiene consagrados, que significa apartados, guardados sin mancha del mundo en cuerpo y espíritu, sobrios, prudentes, fieles y obedientes a Su voluntad.

Israel vino desde Elim hasta el desierto de Sin (Ex. 16:1). Este lugar, en el camino de la fe, representa una parte de la obra santificadora del Espíritu Santo. Si nos sometemos a Dios, El
nos da Gracia y victoria sobre el mal (Stg. 4:7). Nos sujeta en Sus manos de alfarero y nos enseña Su palabra. La justificación es la puerta, y la santificación es el camino angosto del evangelio (Is. 35:8).

La resurrección de Jesús glorifica en el creyente la obra santificadora de Su muerte. Su sangre implanta justificación en el alma y  el creyente es hecho Justicia de Dios por el sacrificio del Cordero, que murió por nuestros pecados. Luego, cuando fue apartado de la cruz y sepultado, Jesús consumó la santificación, es decir, el ingreso del justificado en la santidad de Dios. Así es como nos justificó - regeneró y liberó - del pecado por Su sangre y nos santificó - reconcilió y consagró - para el Padre en Su muerte. Por el bautismo en Su Nombre somos hechos participantes de la santidad del Señor Jesucristo, para ser bautizados por el Espíritu Santo en el poder de Su resurrección en el Cuerpo de Cristo.

El Espíritu Santo es la ley poderosa que nos hace vivir para Dios en la Justicia y Santidad de Jesucristo (Ro. 8:1-2). Estos atributos divinos de nuestro Salvador son provistos al creyente que se une con Su sangre y con Su muerte. El alma es glorificada en Su resurrección con las arras de la completa redención de la posesión adquirida por nuestro Señor Jesucristo. El ministerio de la ascensión de Cristo nos está revelando el evangelio de nuestra justificación por la fe en El, la santificación en Su Nombre y la perfección en la sabiduría y conocimiento de Su palabra.

La justificación y la santificación son las doctrinas básicas del nuevo nacimiento. Constituyen los vínculos del Nuevo Pacto, porque encarnan en la Justicia y la Santidad de Jesucristo, para su salvación y vida eterna.

"Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad" (Jn 17:17).

"Así que,  amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios" (2 Cor. 7:1).

"Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor" (Heb. 12:14).

"Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad" (Ap. 22:14).

CONCLUSION 

Hay cuatro atributos divinos en el maná de nuestra salvación, contenidos en los cuatro libros del evangelio:  Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Son la Sabiduría, la Justicia, la Santidad, y la Redención de Jesucristo (1 Cor. 1:30). Como el pan natural que es un alimento básico para el cuerpo,  la doctrina del evangelio es el maná del creyente. Debemos sustentar el alma y fortalecer el espíritu en la peregrinación por el desierto terrenal. El gozo completo es tomar posesión de la tierra prometida de la fe y el conocimiento del Hijo de Dios en nuestro corazón, para la obra del ministerio del reino de los cielos y la edificación del Cuerpo de Cristo.








LA FE DE JESUCRISTO

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