Este mensaje es una revelación bíblica de alerta, advertencia y refugio en el Señor frente al aumento de las tinieblas actuales. Hay un auge del satanismo que está siendo hecho deliberadamente por muchas personas que son instrumentos de un falso judeo cristianismo evangélico. Ellos tienen un plan hegemónico sobre el mundo, del cual somos avisados en 1 Tes. 2:1-12. Es la apostasía del hombre de pecado, el hijo de perdición manifestándose y dando culto al espíritu del anticristo. Pero mientras el Cuerpo de Cristo se encuentra aun en la tierra, no pueden capturar y esclavizar a los escogidos porque el verdadero Espíritu Santo todo lo discierne. Nos revela el origen de la familia del mal, cuál es su simiente y porqué obran en forma tan abierta y perversa en este tiempo final.
'Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado' (Is. 58:1).
LA LEY DEL PECADO y DE LA MUERTE
Hay un enemigo invisible contra el alma del creyente. Jesús y el apóstol Pablo lo dejaron plenamente al descubierto.
'Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.
Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?
Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado' (Jn. 8:32-34).
'Pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros' (Ro. 7:23).
'Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte' (Ro. 8:2).
El creyente renacido posee el Yo Soy de Cristo (Gál. 2:20). Su alma y espíritu es el hombre interior, el cual ya no es un pecador. 'Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios (Cristo) permanece en él y no puede pecar porque es nacido de Dios' (1 Jn. 3: 6-9).
'Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios (Cristo) le guarda, y el maligno no le toca' (1 Jn. 5:18).
El enemigo del alma y del espíritu es la ley del pecado y de la muerte en el cuerpo humano. Esta ley es el yo exterior, el ego de la carne que se introdujo en el cuerpo del hombre y su mujer cuando pecaron en el Edén, y tomó sus almas en cautividad. Fue cuando comieron el mensaje falso de la serpiente con sus mentes y con sus cuerpos.
Al entrar en sus almas ese mensaje, el yo interior de sus personalidades se pervirtió y se convirtió en egoísmo animal, terrenal y diabólico (ver St. 3:15). La palabra ley indica el señorío del pecado. Sus características principales son la incredulidad, el orgullo y la desobediencia a Dios. La ley del pecado gobierna a todo el género humano, porque está cautivo de ella y en un estado natural caído. Todo individuo y pueblo que se llama 'creyente' es llamado rebelde por Dios, cuando no crucifica el pecado en la muerte de Jesús en la cruz. El pecado es el yo del cuerpo físico, llamado el cuerpo del pecado en Ro. 6:6.
EL LIBRE ALBEDRIO
Muchos creyentes están equivocados o aún ignoran que el libre albedrío es la libertad de la voluntad humana para elegir el bien y no el mal. Cuando Dios creó a los ángeles y al hombre puso en sus almas, es decir, en su yo interior, la fe y la voluntad con libre albedrío. Su palabra era la fe que les dio (Ro. 10:17) para creer en El y hacer Su divina voluntad. '...y esto no de vosotros, pues es don de Dios' (Ef. 2:8). Por medio de la fe de Dios, el creyente tiene la facultad de obedecer voluntariamente al Creador, porque no creó a los ángeles y al hombre como autómatas.
La fe de Dios no es la religión del mundo iglesias, sino que es la revelación divina de Su palabra. Pero, la voluntad mezclada con el libre albedrío no sujeto al Señor se puede desviar de la fe de Dios y hacer mal uso del árbol de la ciencia del bien y del mal. Este árbol es la mente humana. En el alma, espíritu y cuerpo del creyente renacido, su mente está unida con la mente de Cristo, el Árbol de la Vida. Con las facultades de la mente humana, que son la conciencia, la imaginación, la memoria, el afecto y la razón toda persona debe elegir entre el bien o el mal. 'He puesto delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal...' (Dt. 30:15-19). Así fue con los ángeles y con el hombre, y lo sigue siendo hasta hoy. Es obvio que puede elegir el mal si así lo prefiere, pero no debe hacerlo porque es un camino de muerte.
TRES CIELOS y SIETE DIMENSIONES
En el plano físico hay tres cielos, pero en el plano espiritual hay siete dimensiones dentro de ellos. Dios manifestó físicamente a los ángeles antes que al hombre en la séptima dimensión del tercer cielo, el Cielo de la Majestad de Dios (Ap. 21:1-2). Luego, en la sexta dimensión del segundo cielo ordenó un arcángel al mando de una gran multitud de ángeles, para gobernar desde allí sobre el primer cielo. En el plano físico, el segundo cielo es el espacio estelar, y el primer cielo es la atmósfera terrestre con todo lo que está debajo de ella.
La quinta dimensión es el infierno, pertenece al primer cielo y se encuentra en las profundidades de la tierra. Después de la caída de satanás y su séquito de ángeles rebeldes, ese lugar se convirtió en su morada y destino transitorio para ellos y las almas humanas sin Cristo. La cuarta dimensión es el espacio que está sobre la tierra. Es usada por la ciencia espacial, la tecnología satelital, las ondas sonoras, los rayos X, las reacciones químicas y diversos descubrimientos científicos del hombre.
Las otras tres dimensiones son la materia terrestre, la luz y el tiempo. Es decir, que en el primer cielo hay cinco dimensiones. El ser humano común en la tierra es consciente de cuatro dimensiones del primer cielo, a través de sus sentidos mentales y físicos. Los creyentes espirituales, además de participar de esas cuatro dimensiones, viven por fe en la sexta dimensión en el Paraíso de Dios (ver Heb. 12:22). Es el Lugar Santo prefigurado en el tabernáculo de Moisés, donde el Espíritu Santo perfecciona tu entendimiento y te lleva al Lugar Santísimo (Heb. 10:19-21), en la séptima dimensión. Allí, en el Cielo de Dios, Cristo el Esposo de Su verdadera Iglesia la transforma a Su imagen (Ef. 2:6-7 y 4:11; Heb. 9:11-12 y Ap. 4:1-2).
En cuanto a la quinta dimensión infierno es el asiento del maligno satanás. Desde allí y abarcando el aire o atmósfera terrestre influye sobre la humanidad (Ef. 6:12).
EL ORIGEN DEL PECADO
¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo' (Is. 14:12-15).
'Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad' (Ez. 28-14-15).
Estas escrituras de la Biblia contienen la historia del origen del pecado en el corazón del ángel Lucero, como consecuencia de cuestionar la sabiduría y la fe de Dios, por el uso incorrecto de su libre albedrío y de la ciencia del bien y del mal. Juntamente con haber conocido la ciencia del bien, la criatura angelical también tuvo muy alto poder y dominio que recibió del Señor. Encontró que el único límite de su reino era el Reino de Su Creador, al cual debía estar sujeto como Su siervo. Cabe mencionar aquí que los ángeles no son hijos, sino siervos de Dios. Pero se aburrió de ello. Se hartó de hacer el bien y de obedecer la voluntad de Dios, por lo cual tenía a su cargo la creación terrestre.
Haciendo uso incorrecto de su libre albedrío, pensó que para llegar a ser semejante a Dios tenía que poseer el conocimiento del mal, además del conocimiento del bien que ya tenía. Aquí vemos la soberanía del Creador de haber creado el bien y el mal. Son dos caminos para descubrir a los que no serían Suyos por elegir el mal. Porque El es santo y Su Reino es autoridad y orden, tiene que probar a Su creación. Y lo malo no puede entrar en Su Presencia (ver Ap. 21:27). Fue dentro de esa prueba que aquel ángel obtuvo la ciencia del mal. Se fascinó con ella y la adoptó como su iluminación personal para tener el poder de competir contra el Reino de Dios. Es como si un creyente mezclara deliberadamente su conciencia de lo bueno con el ocultismo, para tener más poder sin importarle que eso no es la voluntad de Dios.
PERVERSION DEL CONOCIMIENTO y CORRUPCION MORAL
Lucero pervirtió la ciencia del bien y del mal, '...corrompiste tu sabiduría a causa de tu resplandor;...' (Ez. 28:17). Aquí, la palabra 'a causa de tu resplandor' habla del nivel del conocimiento del bien y del mal que adquirió. El desechó de su alma la sabiduría de Dios, que le daba el uso correcto del libre albedrío y de ese conocimiento mental. Modificó deliberadamente la revelación divina con su propia interpretación y eso se llama perversión. El paso siguiente fue ponerla en práctica y eso fue corromper la verdad. Reemplazó la fe de Dios por la fe de él y en él. ¡Interpretación contra revelación! ¡Exactamente, un ladrón y un imitador del Creador! Pretendió que así era igual a Dios. Entonces inventó un mundo propio, como lugar de reino para él y sus seguidores angelicales, y presumió que el fundamento de su reino era él mismo con su yo interior endiosado y enaltecido contra el Señor. El descubrió la ley del pecado en la ciencia del mal y se inclinó a unirse con ella en su alma y espíritu (Ez. 28:15). Esa unidad produjo el culto de sí mismo, es decir, la caída del ángel Lucero en la egolatría. Antes que el hombre en la tierra mal comiera del árbol de la ciencia del bien y del mal, el ángel caído ya lo había pervertido y corrompido.
Se creyó igual al Creador y se rebeló contra El. Y en el engaño de sí mismo, se proclamó como un nuevo reino aparte del Reino de Dios. Así se invirtió su alma para ser el reino del mal, donde la regla sería su yo interior caído, convertido en la ley del pecado y de la muerte. Dios lo entregó a ser prisionero de esa ley en su alma, porque rechazó varias veces la reprensión para que se arrepienta (leer Ro. 2:4-5 y Jd. 1:6). El arcángel Miguel y sus ángeles confrontaron con él en el segundo cielo sobre la tierra, donde Lucero tenía la sede de su gobierno. (Eso no sucedió en el tercer Cielo). Su revuelta y rebelión fracasó, y fue expulsado de la sexta dimensión Edén Paraíso de Dios y echado hacia abajo hasta las profundidades de la tierra (Ap. 12:9), cautivo de la oscuridad del pecado que él y su séquito angelical adoptaron como la ley de sus corazones (Jd. 1:6). Fue el comienzo de la quinta dimensión : el infierno, un lugar demoníaco de tormento para las almas perdidas. Su corazón se endureció a tal grado que se convirtió en el maligno, el diablo y satanás. El acto de pecar es maldad que transgrede la voluntad de Dios (1 Juan 3:4).
'Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad' (Mt. 7:22-23).
1) El libre albedrío, si no lo tenemos crucificado con Cristo, obedece a la ley del pecado y de la muerte.
2) La ciencia del bien y del mal angelical fue pervertida y corrompida en el segundo cielo por el diablo. Luego, cuando a través del serpiente habló sus palabras a Eva, corrompió también el conocimiento del bien y del mal humano que era inocente y puro hasta allí. Ella comió el mensaje de la serpiente, es decir, lo creyó mentalmente (perversión) y lo practicó físicamente (corrupción moral). Y luego comió también Adán ese tipo de relación sexual prohibida, al obedecer la exigencia de su mujer caída en la lujuria que recibió del serpiente poseído por satanás.
'Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal' (Gn. 3:4-5).
Así se introdujo el pecado en el hombre y por el pecado la muerte espiritual y física en la tierra (Ro. 5:12). Fue el medio de control del maligno, para introducir en la humanidad su rebelión contra Dios. Su rastro está en los mensajeros y en las creencias sin revelación divina de la palabra de Dios. Son las ideas y enseñanzas de las religiones terrenales creadas por el libre albedrío carnal y el árbol del conocimiento humano pervertido de ministros falsos. Muchos son sus seguidores dispuestos a creer cualquier cosa. En este estudio declaro una visión completa del rastro del diablo y satanás sobre el alma, espíritu y cuerpo de la humanidad. Nos debe quedar bien claro a los hijos de Dios que el conocimiento pervertido y la ley del pecado del ángel caído Lucero, estaba encarnada en el serpiente del Edén terrenal. (Digo él, porque era masculino).
Cuando esa criatura engañó con su palabra hablada a la mujer de Adán introdujo mala simiente espiritual en su mente, y luego cuando fornicó con ella le introdujo su simiente serpentina (Gn. 3:14). Así se materializó en la mente y en el cuerpo de ella un rastro maldito de naturaleza animal, terrenal y diabólica (ver Stg. 3:15). Por eso fue que nació el réprobo Caín, como producto de la relación sexual entre ambos. Veamos la triple naturaleza de las palabras del serpiente: 1) Tenían naturaleza terrenal porque era un ser viviente hijo de la tierra (Gn. 1:24). 2) Tenían naturaleza serpentina porque esa era su especie entre los demás animales del campo, mal llamada 'homo sapiens' por la ciencia del mundo. El fue ese eslabón perdido entre los hijos de Dios y los simios. 3) Tenían naturaleza espiritual diabólica, porque fue poseído e inspirado por el diablo.
Esto se vio después reflejado en Caín, hijo del serpiente y Eva, cuando asesinó a su medio hermano Abel.
Con la descendencia cainita, se mezclaron los hijos de Dios descendientes humanos de Set (no fueron ángeles caídos - Gn. 6:1-4). Desde entonces, por esa mezcla se hibridó la sangre de la humanidad con la naturaleza serpentina. Allí tienes el rastro de la serpiente. Por esta causa vino el Cordero de Dios Jesucristo a derramar SU SANGRE en la cruz, para deshibridar y limpiar el alma, el espíritu y el cuerpo del creyente convertido al verdadero evangelio (Ver Joel 3:21; Hch. 2:38 y 1 Jn. 1:7 y 9).
LA LEY DEL ESPIRITU DE VIDA EN CRISTO JESUS
Los hijos de Dios renacidos somos libres cada día del señorío del pecado, porque poseemos en el alma la ley del Espíritu de Vida en Cristo Jesús. Es el poder del Espíritu Santo que recibimos cuando obedecemos por fe al evangelio que predicó el apóstol Pedro en el día de Pentecostés (Hechos 2:38). Es el mensaje de Dios al mundo que Su Hijo Amado vino en forma humana, para llevar nuestros pecados y destruir en Su muerte de cruz el señorío del pecado sobre nuestra alma y espíritu.
Así es. Cristo Jesús es la Personificación visible del Único Dios invisible (Jn. 1:18 y 14:9). Y en contraste absoluto a Cristo, la ley del pecado es el yo inferior caído del cuerpo humano. Muchos hermanos necesitan experimentar la muerte, es decir, el fin del señorío del pecado sobre su alma.
Y la muerte del pecado no se puede lograr con el esfuerzo humano religioso, sino con el evangelio y su pensamiento poderoso revelado al creyente (ver Ro. 1:16) : Que Cristo Jesús ha destruido ese rastro de la serpiente cuando murió en la cruz (1 Jn. 5:4). Si nos entregamos al verdadero evangelio tenemos Su muerte y Su resurrección encarnada en nosotros. Eso es creer en Cristo.
El pecado oculto del mundo iglesias ya ha llegado al colmo de sus ideas y razonamientos teológicos, basados en los credos, dogmas y tradiciones de la organización católica romana. Así se encuentran también muchos grupos y confesiones del Cristianismo protestante y judeo evangélico. Dios nos llama a Sus escogidos al arrepentimiento y renuncia al sectarismo denominacional porque es pecado de nicolaísmo, balaamismo y romanismo. La unión de estos ismos es el sistema de Babel, la monarquía absolutista de Nimrod descendiente de Caín (Gn. 10:8-10). Los escogidos de Dios queremos que El nos haga libres de todas las formas en las que se encuentra el pecado, para que Cristo sea formado en nosotros. Ver en Ap. 17:3 cómo Dios aborrece los nombres blasfemos denominacionales.
'Salid de en medio de la gran ramera Misterio Babilonia, de sus hijas y de sus abominaciones, para que no participéis de sus pecados y no os caigan sus plagas encima...' (síntesis de Mt. 25:6; 2 Cor. 6:17; Ap. 17:5 y 18:4).
Esto dice el Señor, porque el pecado del pueblo cristiano evangélico es el adulterio y la fornicación con las falsas doctrinas del romanismo. Babilonia es la religión organizada católica romana dentro del mundo iglesias evangélicas (las hijas rameras de Ap. 17:5). El diablo está oculto en toda esa mezcla. La ignorancia, apatía e indiferencia de los cristianos por estar contaminados, llegando hasta el orgullo de rechazar la reprensión y el llamamiento del Espíritu, es incredulidad y rebelión. ¡¡ Y allí está en acción el rastro de la serpiente en tu corazón !!
Ese rastro es la ley del pecado. Su alcance es muy amplio y debemos romper sus ataduras que solo acarrean maldiciones. Se comienza por humillarnos en arrepentimiento y aborrecer el ego carnal de uno mismo, el generador de nuestros pecados y rebeliones (2 Crón. 7:14). Jesús dijo: 'El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo la salvará' (Jn. 12:25).
Aborrece la vida de tu ego corporal para que se libere tu alma, que es tu verdadero yo personal interior. Luego debemos desistir del pecado del mundo iglesias, que es estar cimentadas en el sistema anatema (maldito) por el Señor de credos, dogmas y tradiciones de la mujer Misterio Babilonia de Mt. 13:33 y de Ap. 17. El orgullo del hombre ha creado ese sistema pecador para pervertir con otros 'evangelios' el evangelio de la Biblia, la verdad de nuestra salvación. El propósito diabólico del sistema político, religioso y cultural babilónico al pervertir el evangelio original, ha sido para mantener cautivos y esclavos del pecado a los hijos de Dios, de manera que Cristo no sea formado en ellos.
Nuevamente te declaro la revelación del evangelio, pueblo de Dios: Que el pecado fue crucificado y destruido por Jesucristo en Su muerte de cruz. Debemos creer esto. Es por fe en Su obra y no en nuestras obras de justicia propia, porque de esa manera seguimos pecando. Toda justicia propia esconde autoengaño y orgullo. Produce debilidad espiritual, inseguridad y temor. Esto no es la libertad que Jesús nos prometió. Por tanto, con humilde arrepentimiento y aborrecimiento al rastro maldito del pecado, apliquemos el Juicio de Dios invocando con palabra hablada nuestra muerte con Jesús en la cruz. Debemos cambiar de lenguaje y adoptar el vocabulario bíblico, declarando a viva voz nuestra muerte juntamente con El. Ahora no te detengas querido hermano, confiesa el evangelio con estas palabras de fe:
¡Sí Señor, he muerto contigo allá en el Calvario y en tu Nombre Jesucristo me declaro muerto al señorío del pecado sobre mí, como está escrito en Romanos 6:11-12!
La consigna es cortar con la autoridad de la fe las raíces del ego carnal y derribar el árbol del viejo hombre babilónico en la mente y en el corazón, por medio de la palabra de Dios (ver Jer. 1:10; 2 Cor. 10:4-5 y Ef. 6:17). Tienes una cita con tu muerte en la cruz juntamente con Jesús (Lee y declara Gál. 2:20), para destruir la mente carnal que te llevó a confiar en tu propia prudencia y has pecado de autosuficiencia (Prov. 3:5-7).
Te has contaminado con los dichos de otros y te has apoyado en la religión de la cosa llamada 'iglesia', porque solo has buscado sentirte bien sin considerar cómo se siente Aquel a Quien debemos adorar. Tu construcción no está sobre la roca de la revelación divina del evangelio y de toda la palabra de Dios. Está sobre la arena de tus sentimientos y emociones. Si aceptamos la obra de Cristo en la cruz y nos convertimos con humildad en declaradores de ella, se activa en nosotros el poder del evangelio que nos hace libres del pecado (Ro. 6:11-14).
CONCLUSION
La ley del pecado y de la muerte es el ego carnal, que posee las siguientes características:
1) La vanagloria en el alma del hombre que produce incredulidad y soberbia (Gn. 3:6) para apartarse de Dios.
2) La codicia de sabiduría terrenal en el espíritu (mente y corazón) para acumular conocimiento humano (Gn. 3:5).
3) La concupiscencia en los ojos del cuerpo (Gn. 3:6) para caer en la inmoralidad.
Estos son los tres aspectos de la ley del pecado, el rastro de la serpiente revelado en la Biblia. Ver la misma palabra en 1 Jn. 2:16. Hay que tenerlos en cuenta siempre que mencionamos la palabra pecado. (Puedes leer también en este ministerio : 'El pecado original y la doctrina de la simiente de la serpiente').
Debemos ver qué significa 'Salid de en medio de ellos'. El medio es la mentalidad de Babilonia, inspirada en el pecado. Cuando este ya no tiene señorío en el alma por el poder del evangelio, entonces está muerto su dominio y el creyente puede ver toda la verdad (Jn. 8:32 y Ro. 6:14). Por lo tanto, tú te levantas con la mente de Cristo juzgando y condenando toda rebelión contra Dios en ti, a fin de ser limpio y libre, tanto tú mismo como los que te reciben.
Jesús habló del rastro de la serpiente antigua (Ap. 12:9) cuando dijo:
'Ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella' (Mt. 7:14).
La puerta es la mente humana caída en sus propias ideas y creencias, y el camino amplio es el estilo de vida mundanal de las personas sin Cristo. Es el mal camino del pecado, el rastro del ángel caído impreso en la humanidad, la cual está cegada por un conocimiento falso que la lleva al infierno. Después del infierno será la segunda muerte, la destrucción y la desaparición del alma y del cuerpo en el lago de fuego (Prov. 14:12; Mateo 10:28 y Ap. 20:11-15) En la segunda resurrección, cuando la humanidad se encuentre ante el gran trono blanco de Juicio, el Eterno dictará esa sentencia a quien no se encuentre registrado en el Libro de la Vida (Ap. 20:15).
Febrero 2026