LA PROMESA DEL PADRE


'Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días' (Hch. 1:4-5).

La promesa del Espíritu Santo es el poder de Dios y la mente de Cristo en el creyente renacido (Leer Ro. 8:9). Por medio de  la justificación y de la santificación del evangelio 'un niño nos es nacido' (Is. 9:6) y el espíritu humano es convertido en un hombre nuevo.  Luego, por medio del Espíritu Santo, Cristo se manifiesta en  el hombre nuevo y 'el Hijo nos es dado' (Is. 9:6).

Los hijos de Dios debemos entender que la experiencia de Cristo es la evidencia de haber recibido la promesa del Espíritu Santo. Jesús dijo: 'El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber' (Jn. 16:14-15). Cristo es la plenitud de Dios en el alma del renacido. Su mente nos renueva el entendimiento y nos conduce a la  madurez espiritual (Ef. 4:13). Esto es llegar desde el Nilo hasta el Éufrates, más allá de Canaán (Gn. 15:18-21 y Fil. 3:14).

Siendo que Cristo es el propósito de Dios en Sus hijos, en primer lugar escudriñemos Su obra de justicia, santidad y redención en el evangelio. El apóstol Pedro dijo: 'Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen' (Hch. 5:32). Toda persona que cree en el sacrificio de Cristo para la salvación de su alma debe obedecer el evangelio del Nuevo Pacto para recibir la promesa del Padre. 

Lo primero, después de haber creído, es arrepentirse de sus pecados para ser justificada en la justicia del Justo (Ro. 3:21-27 y 10:8-13). Es el comienzo de su regeneración espiritual.  El Espíritu Santo está sobre su alma guardándole del mal y guiándole a la santificación, porque quiere entrar y habitar en él. La santificación se encarna en el corazón cuando nos identificamos con el Santo Nombre de Jesucristo en el bautismo de agua (Ro. 1:6-7). 

Su Nombre actúa limpiando tu alma y espíritu porque estás contaminado con el pecado de Egipto. Recuerda que Egipto es el reino terrenal pecador donde toda persona ha nacido físicamente.  El pecado es el ego carnal del sistema político, religioso, cultural, social, militar y materialista del mundo. Se ha escondido como falso ángel de luz en los credos, dogmas, ídolos, ritos y reglas de todas las instituciones religiosas creadas por el hombre. 

Hace cientos de años que fue quebrantado el verdadero evangelio. Por eso está escrito: 'Mas no todos obedecieron al evangelio (de Dios); pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?' (Ro. 10:16). Esta palabra profética nos muestra que hay modificaciones carnales del evangelio y de todas las doctrinas bíblicas. Muchos pueden hablar de Jesús, pero serán desechados por haber predicado y enseñado las Sagradas Escrituras sin revelación divina, por no poseer la mente de Cristo (Mt. 7:21-23).

Así como recibieron una nueva oportunidad los hijos de Israel que salieron del desierto, para poseer la tierra de Canaán, ahora todo creyente verdadero debe salir del desierto del caos y confusión religiosa en el Cristianismo institucional. Aunque no pertenezcas a ninguna institución religiosa tú debes limpiar tu mente de tus propias opiniones y de las ideas de los hombres. 
El Espíritu Santo abre tu entendimiento y te muestra tu condición delante de Dios, para que desees de  todo corazón la salvación de tu alma de todas esas cosas y la mente de Cristo en ti. El Padre nos reconcilió con El, gracias a Jesús que vino al mundo a morir en el monte Calvario. Lo hizo para justificarnos con Su sangre, para santificarnos con Su muerte, para ungirnos con Su Santo Espíritu y perfeccionarnos con la revelación de Su palabra. El objetivo es  transformarnos a la imagen de Cristo con la promesa del Padre.

RESEÑA HISTORICA 

La primera generación de Israel, que Moisés liberó de la cautividad, cruzó el mar Rojo prefigurando el bautismo en el Nombre de Jesucristo (Hch. 23:38). Las cadenas demoníacas de Egipto se rompieron y los hebreos fueron libres completamente del poder maligno que los había esclavizado. En el bautismo se rompen las cadenas del espíritu trinitario y también se produce la separación del pecado del mundo. 

El trinitarismo es un espíritu de error oculto en la práctica católica romana y evangélica de bautizar en los títulos Padre, e Hijo y Espíritu Santo. Ese espíritu contamina al creyente y contraviene al mandamiento de Jesucristo de bautizar en Su Nombre, para el perdón de los pecados (Leer Mt. 28:19 y Lc. 24:47). Si tú reprendes y echas fuera demonios invocando los títulos trinitarios, ellos se ríen, nunca te obedecerán. Pero no pueden resistir su expulsión en el Nombre de Jesucristo. 

Muchos cristianos en tiempos pasados no lo sabían porque el clamor de medianoche (Mt. 25:6) aun no había llegado con la revelación. Por lo tanto el Señor no les juzgará  a causa de su ignorancia. Pero, en el siglo 20 la revelación del Nombre de nuestra salvación ha llegado para todo el mundo y quienes no lo creen tendrán que dar cuenta sin ninguna excusa, porque todo lo que te estoy anunciando está escrito en la Biblia y como obra del Espíritu Santo es irrebatible.  Lo que tú necesitas es ir al Señor con humildad de corazón y pedirle que te ayude a creer y obedecer la revelación que nos ha sido entregada, para que seas un verdadero renacido y Cristo se manifieste en ti.

Quien está oculto en el credo trinitario ela ley del pecado, porque es un invento de hombres sin revelación divina en el Concilio de Nicea (325 dC). Ellos modificaron las palabras originales de Jesús en Mateo 28:19. En ellas mandó bautizar a los creyentes en Su Nombre, no en los títulos Padre-Hijo-Espíritu Santo Esto es historia real que puedes investigarla en Internet. La ley del pecado es el ego carnal que reina en el mundo del hombre. Su obra autoritaria religiosa es el nicolaísmo, un espíritu de señorío en las personas que comandan las iglesias, confesiones y grupos cristianos. Es el mismísimo espíritu jerárquico del romanismo (Ap. 17).

Cristo Jesús nos rescató de todo eso en la cruz del Calvario y nos restaura a la revelación que tuvieron nuestros padres espirituales, los apóstoles del Nuevo Pacto. Conforme al misterio de Dios que está siendo consumado en Sus escogidos (Ap. 10:7), el alma, espíritu y cuerpo de cada uno de ellos es bautizado por el Espíritu Santo en la sangre, en la muerte, en la resurrección y en la ascensión de Jesucristo para ser santificado y perfeccionado.

"El Padre nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de Su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados" (Col. 1:13-14).

EL MAR ROJO  y  EL RIO JORDAN

"Volvió el mar en seco; por el río pasaron a pie; allí en El nos alegramos" (Sal. 66:6).

"El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados" (Mi. 7:19).

Proféticamente, el mar Rojo y el río Jordán representaron la sangre de Jesús y Su cuerpo sepultado. Aquellos dos eventos, el cruce del mar  y el paso del río por el pueblo de Israel, nos hablan de un doble testimonio en los creyentes bautizados en el Nombre de Jesucristo. Mostramos que hemos muerto juntamente con Cristo al pecado del mundo, como los hebreos que salieron de Egipto cruzando el mar Rojo. Y también que somos libres del pecado de nosotros mismos, como los jóvenes de Israel que pasaron el río Jordán (ver Ro. 6:11 y 14). 

Pero, atención aquí, los pecados no son borrados por el agua física. El agua es un símbolo de la sangre y el cuerpo sepultado del Salvador. El lugar del bautismo tipifica el sepulcro de Jesús. Muchos practican el bautismo trinitario porque ponen el énfasis en el acto, es decir, en su obra personal de bautizarse en aguas, sin importarle el Nombre de Jesucristo. Son personas que buscan agradarse a sí mismas.
 
La revelación divina del bautismo en agua es que el creyente es perdonado de sus pecados por Dios, si al bautizarse se une por fe con Jesucristo en Su muerte (Ro. 6:3). Por esto es necesario invocar Su Nombre. El es Quien murió en la cruz, los borró con Su sangre y los remitió al mar del olvido (Is. 43:25 y Mi. 7:19). Por lo tanto, estamos hablando de creer en Jesucristo conforme al evangelio revelado por Dios el día de Pentecostés (Hch. 2:38). Revelación es fe que obra el creer verdadero. Si a la revelación se le impide obrar, la fe está muerta en sí misma y el creyente no es un discípulo con el testimonio de Dios.

La reunión de tu alma, espíritu y cuerpo con el cuerpo sin vida del  Señor en el sepulcro,  es cuando en arrepentimiento te bautizas creyendo en Su Nombre Jesucristo. Recién entonces eres un alma santificada y reconciliada con Dios. Los pecados son perdonados y borrados por Su Nombre, no por el agua física y los títulos Padre-Hijo-Espíritu, sino gracias a Aquel Jesucristo que murió en el Calvario (Hch. 22:16 y Tito 3:5). Y es por eso que puedes recibir por fe la promesa del Espíritu Santo para ser renovado (nuevo nacimiento) en la resurrección del Señor, porque te has identificado con la obra mediadora, expiatoria y redentora de Su Hijo Amado (Ro. 6: 10-11). 

Ahora, debes estar firme en la fe de que eres uno con Jesucristo, justificado por Su sangre y santificado por Su muerte. Ama la palabra de Dios y aprende por medio de ella a vivir para el Señor. Eres un renacido  por la simiente incorruptible de la palabra de verdad, el evangelio de nuestra salvación que permanece para siempre (1 Pe. 1:22-25), que dice así:

"Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hch. 2:38).

La tierra de Canaán y las aguas del río Jordán estaban esperando a la segunda generación de hebreos. Ellos estaban listos para ser santificados en Gilgal y tomar posesión del país mediante la guerra. Fueron los descendientes del  Israel que salió de Egipto y se separaron de la incredulidad de los rebeldes. Dejando esa compañía carnal que pereció en el desierto entraron en la tierra santa, destruyeron los reinos amorreos de Sehón y de Og (hoy es vencer al nicolaísmo y al balaamismo) y tomaron posesión del territorio que ellos ocupaban al oriente del Jordán (Nm. 21:21,35).  

Eso fue apropiarse, en Cademot, de la doctrina de la Gracia. En Hesbón, de la doctrina del arrepentimiento de obras muertas y en Basán, de la doctrina de la fe en Dios. Ahora debían avanzar todos juntos por el resto de la tierra destruyendo las alianzas y reinos de Adonisedec y Jabín; los cuales son hoy los espíritus nicolaítas de individualismo autoritario y el ecumenismo anticristo. Al mismo tiempo, es crecer en nuestro espíritu y madurar en la fe y el conocimiento de Dios (ver Heb. 6:1). Pero, antes tenían que reposar y santificarse junto al Jordán (Jos. 3:1-5). 

Muchos creyentes, desde mediados del siglo 20, salieron de Egipto por el clamor profético del séptimo ángel de Ap. 10:7, mas perdieron su gestación espiritual y perecieron como los hebreos incrédulos. Ellos no pudieron poseer la herencia de Canaán que es la revelación de Jesucristo, por su rebeldía para renunciar a sí mismos y al viejo hombre religioso 'evangélico' (ver Ef. 4:22). Por el contrario, volvieron atrás a Egipto, al sistema faraónico de religión organizada del hombre (creación del ego carnal) aunque se hayan bautizado en el Nombre de Jesucristo. 

Son los cristianos que aceptaron el mensaje del profeta William M. Branham, así como aquellos israelitas que aceptaron el mensaje de Moisés, mas no se arrepintieron de la ley del pecado aborreciendo su ego carnal, ni crucificaron el viejo hombre para nacer de nuevo. Pero la segunda generación de hebreos, hoy son los discípulos de la predicación y enseñanza de Cristo en Sus verdaderos apóstoles del tiempo final. Ellos son el Josué que hoy nos lidera y conduce a tomar posesión  de la sabiduría del evangelio y de todas las doctrinas de la Biblia, para poseer la promesa del Padre. Dicho en términos bíblicos, son la Voz de arcángel del ministerio quíntuple de Cristo en Su ascensión (1 Tes. 4:16 y Ef. 4:11).

DOCTRINA DE BAUTISMOS JUNTO AL JORDAN

Los hebreos reposaron tres días junto al Jordán antes de pasarlo, haciendo un examen personal de sus vidas. Esto representa nuestro deber de conocer la doctrina de los bautismos del Espíritu Santo en Cristo Jesús y estar firmes en lo que hemos recibido de Dios (ver Heb. 6:2), conforme a la siguiente escritura:

'Mas por El estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención' (1 Cor. 1:30).

1) Bautizados en la sangre de Jesús para justificación.
 
2) Bautizados en la muerte de Jesús para santificación en Su palabra, al bautizarnos en aguas en el Nombre de Jesucristo.
 
3) Bautizados en la resurrección y ascensión de Jesús, para nuestra eterna redención. Este bautismo del Espíritu en el Cuerpo angelical de Cristo nos ha restaurado al Principio, más allá de Pentecostés, para ser  perfeccionados por El en Su palabra y transformados a Su imagen en un varón perfecto.

EL JUICIO PARA NUESTRA SALVACION

El agua de mar es salada y sabemos que la sal es purificadora. Esto indica el poder de Juicio de la sangre y la muerte de Jesús sobre el pecado, la carnalidad, el mundo y el maligno. "De la mano del Seol los redimiré, los libraré de la muerte. Oh muerte, yo seré tu muerte..." (Os. 13:14a). El creyente ha sido salvo en el orden siguiente:

1) Del pecado y de la maldad serpentina de la carne. 

2) De la oscuridad del mundo y de las tinieblas demoníacas. 

3) De la condenación de los  pecadores en el Día del Juicio (ver Ro. 10:13-15).

"Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego" (Ro. 1:16).

Debemos ver que la encarnación del evangelio en nuestra alma, espíritu y cuerpo es sal y juicio poderoso de Dios al pecado, para librarnos de su señorío cada día de nuestra peregrinación en la tierra. Ahora transitamos por el camino de la santidad de Cristo (Is. 35:8). Es la libertad de nuestro espíritu, como el avance sin obstáculos en el camino del mar Rojo que transitó Israel. Por lo tanto, el bautismo como nuestro mar Rojo es nuestra salvación de la esclavitud del pecado del mundo y de las tinieblas demoníacas.

RESTAURACION Y PAZ CON DIOS 

El bautismo como nuestro río Jordán tiene un significado más profundo. Es la muerte del señorío del pecado en el creyente y la restauración a su estado original, en el Principio. Has regresado a Cristo el Arbol de la Vida en el huerto del Edén (Ro. 8:1-2).

 "...Allí en El nos alegramos" (Sal. 66:6b). 

En síntesis, cruzar el mar Rojo y pasar el río Jordán es la aspiración de pertenecer a Jesucristo y ser santos por medio de El (Ver Ro. 1:6-7).  El Espíritu Santo obra la perfección del entendimiento de la palabra de Dios, nos revela la mente de Cristo y nos ayuda a obedecer.

CONCLUSION

El arca del testimonio 
fue figura del Ministerio de la ascensión de Cristo, liderando a Israel para pasar el Jordán (Heb. 3:1 y 9:11).
 
Josué con los cuatro sacerdotes ungidos por el arca es hoy el ministerio quíntuple, en Su verdadera Iglesia (ver Ef. 4:11-13).

El paso del Jordán es la unión con Cristo en Su muerte, resurrección y ascensión.

La tierra de Canaán representa la palabra de Hechos 2:38, que fue invadida y modificada en tiempos pasados por el sistema religioso denominacional. Los escogidos debemos destruir los espíritus sectarios y los cambios hechos al evangelio con credos, dogmas y tradiciones, así como los fieles de Israel eliminaron a los reinos cananeos que mancillaron la buena tierra con sus ídolos. Esos dioses falsos prefiguraron el trinitarismo. El evangelio bíblico original ya no es hoy la tierra de Canaán. No le pertenece en absoluto a los  espíritus nicolaítas religiosos dominantes, porque ahora es posesión de  los creyentes renacidos. Ellos son el verdadero Israel de Dios (Gál. 6:16).

Simiente predestinada de la Novia y Esposa del Cordero : 

La Promesa del Padre es el amor de Cristo en el alma, Su sabiduría en el espíritu y el poder de Su cuerpo angelical en nuestro cuerpo, para el arrebatamiento (Jn. 14:3 y 1 Cor. 13:1-13). 
Su Presencia está en medio de nosotros perfeccionando nuestro entendimiento.

Marzo 2026






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