'Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros' (Ex. 3:14).
Esta palabra de Dios nos dice a Sus hijos que hemos sido llamados a conocerle y ser uno con Su Yo Soy, para ser libres de la ley del pecado y dueños de nosotros mismos (Tito 1:8). La misión de Moisés en Egipto fue liberar a Israel de la esclavitud del Faraón. Este rey terrenal es figura del señorío del ego carnal del cuerpo físico sobre el espíritu humano (ver Ro. 7:23). Solo después de salir de la esclavitud, los hebreos podrían poseer la tierra de Canaán bajo el ministerio de Josué, y para ello debían destruir muchos reyes y naciones satanistas que moraban allí. Esto significa desechar las falsas doctrinas de los hombres y a las propias ideas carnales, porque la voluntad de Dios es nuestra santificación (1 Tes. 4:3).
No solamente hemos de permanecer muertos al pecado en la cruz, sino que el pecado también debe estar muerto, es decir, sin señorío sobre la mente y el corazón (ver Ro. 6:11-13). Eso es exactamente lo que hicieron allá los hebreos contra los siete reinos paganos que ocuparon Canaán. Eran libres de la cautividad de Egipto y dueños de la tierra santa, pero la debían arrebatar en la guerra contra ellos. Para ser vencedores, primero triunfaron sobre sí mismos en Gilgal (ver Jos. 5:9). Después de ello el Señor se reveló a Josué cerca de Jericó, y le dio parte en Su Yo Soy (Jos. 5:15). Jesús dijo que separados de El nada podemos hacer (Jn. 15:5).
La tierra prometida a Abraham y su descendencia, en otro tiempo fue el huerto edénico donde vivió Adán y su mujer, cuando no existían los siete espíritus cananeos (Dt. 7:1). Tres siglos después del día de Pentecostés, también la tierra prometida del evangelio fue invadida por esos mismos espíritus. Fue a través del sistema religioso llamado Catolicismo apostólico romano. La nueva religión del mundo pagano se disfrazó de Cristianismo, porque falsos maestros de teología y cristianos apóstatas se unieron a eso y mezclaron el evangelio con la antigua religión de Babilonia. Introdujeron el trinitarismo, el nicolaísmo, el balaamismo, el bautismo en títulos, el culto a imágenes, rituales paganos y la institución Papal, a través de Concilios políticos con el Imperio romano que la historia registra. Toda la humanidad ha sido engañada y envuelta en esa oscuridad religiosa.
Pero las Sagradas Escrituras están siendo reveladas hoy a los elegidos que salen del sistema del anticristo. Los siete reyes cananeos son espíritus demoníacos, esclavizadores de la mente humana (1 Jn. 5:19). Esas fuerzas del mal se encarnaron en Nimrod y su reino de Babel. Luego fueron las cabezas de los siete imperios mundiales: Egipto, Asiria, Babilonia, Persia, Grecia, Roma y el Papado católico romano (Ver Ap. 17:3). Los cananeos, amorreos, heteos, jebuseos, heveos, ferezeos y gergeseos que vivían en Canaán heredaron esa gigantesca mentalidad dominante sobre el mundo, en sociedad con el imperio de Egipto.
Como Moisés, cuando recibió las tablas de piedra escritas por el dedo de Dios en el monte Horeb, ahora la palabra revelada por la mente de Cristo está aquí para santificar a Su Iglesia. Aquel mensaje entregado a Israel fue la Ley de Dios, que después guardó Josué cada día de su vida. Así fue como el Yo Soy de Cristo se encarnó en Moisés y también lo hizo en Josué, para aplastar a satanás y liderar la posesión y limpieza de la tierra prometida que había sido invadida. Con Moisés los israelitas salieron de Egipto, recibieron la Ley en el monte Horeb y entraron en Canaán oriental. Allí destruyeron los reinos amorreos de Sehón y Og y poseyeron las ciudades de ellos, Hesbón y Basán. Pero luego, con el ministerio de Josué pasaron el Jordán y tomaron posesión del lado occidental.
Todas aquellas experiencias de Israel fueron la manifestación del Yo Soy y Su palabra en ellos. Bajo el Antiguo Pacto debían esforzarse y desalojar al enemigo en forma corporal. De hecho, sabemos que la tierra prometida era un territorio físico en el Medio Oriente, legada por Abraham a los hebreos. Hoy bajo el Nuevo Pacto, la verdadera Iglesia tiene la misma misión pero en forma espiritual. Lo que vivió Israel al salir de Egipto fue tipo de los hijos de Dios de este tiempo final, que no solo han salido del sistema babilónico esclavizante sino también del desierto espiritual de una sociedad humana sin Cristo, para ser uno con El.
LA IGLESIA EN GUERRA ESPIRITUAL
'Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes' (Ef. 6:12).
El Juicio de Dios a los cananeos actuales, por medio del ministerio Josueico presente, es el fin del señorío sobre el verdadero evangelio de los espíritus sectarios denominacionales (nombres blasfemos - Ap. 17:3), y de las doctrinas falsas de cristianos apóstatas. Ellos son la cizaña porque aparentan ser hermanos y creyentes trigo, pero están en contra de la revelación divina de la palabra. El Josué de hoy es el Apostolado de Cristo en Su Iglesia (Ef. 4:11-12). Todo aquel que niega Su Ministerio Apostólico y afirma que hoy ya no existe en la tierra no pertenece a la Iglesia verdadera, porque no cree la palabra de Dios (ver Heb. 3:1; 9:11 y 13:8-9). Esta Iglesia actual es gente renacida y creyentes fieles, que disciernen y destruyen las herejías y las mentiras de la apostasía. La tierra santa prefiguró el evangelio de Hechos 2:38. Los demás espacios terrestres, más allá de Canaán y hacia los cuatro vientos del planeta representaron toda la Biblia (Sal. 19:3-4).
Los siete espíritus cananeos tienen el conocimiento del evangelio. Son ángeles caídos encarnados en personas que lideran grandes organizaciones religiosas, con apariencia de devoción a Dios, mezcladas con la política y el materialismo del reino pecador (Mt. 24:23-24). Desde siglos atrás invadieron el evangelio de Jesucristo y lo modificaron. Este es el panorama del Cristianismo evangélico en la Edad de Laodicea. Pero El Señor Mismo los está arrojando fuera, a las tinieblas del engaño ecuménico (ver Ap. 3:16).
LA HEREDAD y LA HERENCIA
La voluntad divina en los verdaderos creyentes es que cumplamos la misma misión que tuvo Israel. Nos manda ser poseedores de la heredad y de la herencia que habita dentro de ella. La heredad es el evangelio de la Biblia. La herencia es el Espíritu de Cristo, que Jesús prometió revelar en ti y en mí (Jn. 14:21).
Ambas bendiciones de Dios, el evangelio como heredad y Cristo como la herencia son la tierra prometida de Su Yo Soy en los hijos de Dios. El éxodo de Israel desde Egipto hacia Canaán prefiguró el proceso del nuevo nacimiento. Luego, el crecimiento del nuevo hombre progresa hasta ser el varón perfecto (Ef. 4:13), así como Israel avanzó hasta la posesión completa de su tierra en los días de David y Salomón. ¿Puedes ver que poseer la tierra prometida es la sabiduría del evangelio y la experiencia de Cristo en el corazón? (Jd. 1:3).
Otra vez deseo distinguir bien entre heredad y herencia. La heredad es la palabra de salvación y las Sagradas Escrituras. La herencia es la plenitud de Cristo. Cuando obtenemos del Señor la luz del evangelio poseemos la heredad. Entonces incorporamos la humanidad de Jesucristo crucificado, que se encuentra en ella (ver Jn. 6:54 y 63 ). Luego, la herencia es el Señor de la heredad. El Señor es el Yo Soy de Cristo, la plenitud de Dios que habita en Jesús el Hijo del Hombre. Hablando de Su Yo Soy, Jesús anticipó las tres palabras que luego fueron reveladas por El a Pedro, en el mensaje del arrepentimiento, el bautismo en Su Nombre y el don del Espíritu Santo (ver Hechos 2:38).
'Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto' (Jn. 14:6-7).
EL HIJO DEL HOMBRE
En primer lugar El dijo: 'Yo Soy el camino'. Se refirió a la fe en Su sangre y el arrepentimiento de pecados, para justificarnos y llevarnos a Dios. El está diciendo: Eso es Mi Yo Soy de Hijo del Hombre en tu alma (Heb 10:20).
EL HIJO DE DIOS
En segundo lugar dijo: 'Yo Soy la verdad'. Se refirió al nuevo hombre que nace y se libera dentro de ti, al sepultar el viejo hombre en el bautismo de agua en el Nombre de Jesucristo. El está diciendo: Eso es Mi Yo Soy de Hijo de Dios en tu espíritu, la Vida de tu mente, corazón y fuerzas (Jn. 14:26; 2 Co. 3:17 y Ef. 4:24).
EL TODOPODEROSO
En tercer lugar declaró: 'Yo Soy la Vida'. Se refirió al don del Espíritu Santo perfeccionando nuestra mente en Su palabra y transformándonos a Su imagen. El está diciendo: Yo Soy la plenitud de Dios encarnada en tu cuerpo, hasta la redención de la posesión adquirida con Mi sangre (Jn. 11:25-26; 1 Cor. 12:13; Ef. 1:14; Fil. 3:21 y Ap. 1:8).
'Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres' (Jn. 8:31-32).
'El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida' (Jn. 6.63).
LA GUERRA INTERIOR
'Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis' (Ro. 8:13).
Siendo uno con Cristo, peleamos juntos como Iglesia contra las tinieblas demoníacas de un mundo sin Dios. Pero en forma individual gobernamos sobre nosotros mismos y destruimos los males carnales que batallan contra el alma (1 Tes. 5:22). Estos males de la naturaleza humana caída fueron representados por los siete reinos de Canaán, oponentes de Israel. Tanto ellos, como los israelitas y los creyentes de hoy, provenimos físicamente de una tierra maldita por el pecado (Is. 60:2 y Ro. 8:20-21).
La mentalidad oscura de los cainitas antes del gran diluvio de Noé y los híbridos malvados de Babel después de él, se implantó en la sangre humana cuando se dispersaron por el planeta debido a la confusión de sus lenguas, y se reprodujeron (Gn. 11:1-9). Los siete imperios mundiales que fundaron los ángeles caídos, a través de esas personas, inyectaron su cultura en el cuerpo de los hijos de Dios. Son las fortalezas, los argumentos y los pensamientos carnales que buscan predominar y subyugar el alma. Sí, nuestro cuerpo tiene su lado positivo como organismo y templo físico del Señor. Pero el lado negativo es su naturaleza terrenal caída.
SIETE ENEMIGOS DEL CREYENTE
Veamos las características de las siete principales energías negativas del viejo hombre, es decir, del cuerpo físico. No son demonios, sino rebeliones del pecado (ver Ro. 7:23) manifestadas en las siete naciones - estado que habitaron en Canaán. Cada una de estas rebeldías naturales encabezan muchas fuerzas que les siguen. La Biblia declara que son las obras de la carne (ver Gál. 5:19-24).
El amorreo es el orgullo. Produce incredulidad y señorío. Es el nicolaísmo y el balaamismo del sistema religioso organizado, ligado con el autoritarismo de gobiernos políticos en el mundo.
El heteo es la cobardía y el temor. Genera debilidad mental, inseguridad, derrotismo, pesimismo y baja autoestima personal. Esta flaqueza espiritual inhibe el emprendimiento personal.
El jebuseo es el individualismo. Rechaza la autoridad. Desprecia la revelación de la palabra y el conocimiento de Cristo. Adora el libre albedrío carnal y sus propias ideas.
El ferezeo es la intemperancia contra la templanza, que causa descontrol mental y el uso de la fuerza bruta para defender el egoísmo. Los ferezeos eran aldeanos sin muros para protegerse. Es la falta de dominio propio y no tener gobierno sobre uno mismo.
El gergeseo es la impaciencia. Genera inquietud, afán, ansiedad y desaliento. Los cristianos con espíritu gergeseo son absorbidos por lo terrenal y tienen desgano y desprecio por lo espiritual. Pierden fácilmente la paz mental y la tranquilidad del alma.
El cananeo es la impiedad contra el temor de Dios. Este tipo de cristiano aparenta devoción al Señor, pero es materialista, avaro y mezquino.
El heveo del norte de Canaán es el desamor contra el amor fraternal. Tiene indiferencia, crítica, murmuración, celos, envidia y condenación al prójimo.
Son siete bajezas carnales contra el nuevo hombre de nuestro espíritu, a destruir con el sacrificio de Jesús en el cuerpo y el Yo Soy de Cristo en el alma (Gál. 2.20). El es el Varón con la espada desenvainada (Jo. 5:13) que nos hace poseedores de la tierra santa y dueños de nosotros mismos.
CONCLUSION
'Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos' (Josué 1:6-9).
Hermano amado del verdadero Israel espiritual: Aplica en tu vida este mandato del Señor y toma cada día el control de tu fe y voluntad que tienes en el alma. En este Tiempo del Fin párate firme como Josué en la verdad de nuestra muerte, resurrección y ascensión juntamente con Cristo Jesús, porque es el cimiento y la herencia que recibimos del Padre. El Yo Soy de Su Espíritu Vivificante en el alma, el espíritu y el cuerpo es la gloria de los vencedores.