LA ARMADURA DE DIOS


'Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. 

Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. 

Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. 

Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. 

Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia,  y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. 

Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.

Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; 

y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio,  

por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar' (Efesios 6: 10-20).

EL PODER DE DIOS EN EL ALMA DEL CREYENTE FIEL

En estas Escrituras hay un mandamiento clave en el verso 10 que se debe obedecer, para usar la armadura de Dios en forma eficaz. Siendo que tenemos una guerra espiritual contra el mal está claro que hay que buscar el poder del Espíritu Santo. Un guerrero puede tener todo el armamento disponible a la mano, pero si está débil en su mente no podrá batallar con autoridad. 

Así es. La armadura de Dios en primer lugar es el poder del Espíritu Santo en nuestra mente y corazón. Todo verdadero creyente mira con entusiasmo la armadura de Dios y desea revestirse con ella desde la cabeza a los pies. Pero aquí, en esta palabra a los Efesios, hay un orden sagrado que debemos entender muy bien, pues de otra manera fallaremos. En 2 Corintios 6: 1 dice que 'no recibamos en vano la Gracia de nuestra salvación'. Significa no ser frívolos ni superficiales en nuestra relación con el Espíritu de Dios. 

En una academia militar el genuino aspirante no se entusiasma con la apariencia del uniforme y las armas que le son provistas, aunque las aprecie y las cuide con devoción. El sabe que su capacitación pasa por un asunto mayor y de extrema importancia. En primer lugar debe tener una personalidad firme y fuerte, y mantener la fe y la confianza en sí mismo. En segundo lugar debe amar su vocación. Y tercero, tiene que encarar la carrera cada día con una actitud seria y responsable. Sabe que tiene que ser muy fuerte mental y físicamente para superar todas las exigencias. No está allí por vanidad ni pasatiempo para intentar si podrá llegar a graduarse. El debe tener visión de guerrero. 

En el Ejército de los cielos hay que ser esforzados y valientes para enfrentar la guerra espiritual. Tomar la armadura de Dios consiste en 1) Fortalecernos el alma con Su poder. 2) Renovación mental permanente con Su palabra. 3) Orar, interceder y bendecir el ministerio apostólico de Cristo. La graduación celestial a obtener en nuestra vocación espiritual es ser transformados en la imagen de Cristo (Ro. 12:2). El nos llamó a ser salvos y a defender nuestra salvación con toda diligencia y firmeza ante las asechanzas del diablo. En el creyente renacido su alma posee el Yo Soy de Cristo. Por eso lidera su espíritu (la mente), así como un general comanda su ejército. Por lo tanto, el mandamiento es preciso y perfecto. Tu alma se debe  fortalecer en Cristo y Su Espíritu Vivificante.

LA ARMADURA DE DIOS EN EL ALMA

El alma es nuestra personalidad y también es el corazón del espíritu. En los hijos de Dios, su alma regenerada está dotada con las facultades humanas de la fe y la voluntad. Tu fe se fortalece con la Fe de Jesucristo y tu voluntad se fortalece con la palabra de Dios. 

La Fe del Señor es la revelación divina. El creyente que une su propia fe natural con la revelación divina  fortalece su alma con el escudo de la Fe de Dios. '...Yo soy tu escudo...' (Gn. 15:1). La voluntad se une con la fe y empuña la espada de palabra de Dios. Entonces el alma recibe el poder del Espíritu Santo y puede reinar en Cristo (Leer Gal. 2:20).

Además de equipar nuestra fe y voluntad con el escudo de la Fe Divina y la espada de Su palabra, nos ponemos también la coraza de  Justicia aplicando la sangre de Cristo en el corazón porque Su sangre es nuestra vida eterna (Jn. 6:53-59). Conforme al texto de Efesios 6 que estamos estudiando, vemos que el poder de nuestra milicia espiritual se radica en el alma. El alma es lo más esencial del espíritu que el verdadero creyente le debe entregar al Padre, para ser revestido con el poder de Dios y convertido en una armadura humana contra el pecado, el  mundo y las tinieblas (Prov. 23:26).

Hasta aquí hemos visto que el poder del Espíritu Santo en el alma y sus dos facultades nos proporciona el comando sobre nuestro espíritu, en la pelea contra las fuerzas malignas. Atención creyentes al orden con el que debemos vivir: el alma con el poder del Espíritu Santo comanda el espíritu y el espíritu comanda el cuerpo. Cristo Jesús es el Comandante en Jefe del ejército celestial que hay en cada creyente. El alma es el general. El espíritu es los oficiales de nuestros pensamientos y los sub oficiales de nuestros sentimientos. El cuerpo y sus sentidos naturales es el soldado. Todo el ser, alma, espíritu y cuerpo es el ejército de Dios. El enemigo es satanás y el campo de batalla es el mundo.

LAS ARMADURA DE DIOS EN EL ESPIRITU

Ahora pasemos al espíritu. El espíritu es el hombre interior y la vida del alma, el corazón y el cuerpo. Posee cinco facultades  que son la conciencia, la imaginación, la memoria, el afecto y la razón.  En la obra redentora de Cristo tenemos todas las armas espirituales, adecuadas para cada una de esas facultades. La Escritura de San Pablo nos habla de seis armaduras: 

1) El cinturón de la verdad es el Espíritu de sabiduría y revelación que ciñe nuestra imaginación. Esta facultad mental es el ojo espiritual que llamamos entendimiento,  donde la verdad del Señor nos es dada en la palabra revelada, visiones, sueños y la voz del Espíritu Santo. 

2) La coraza de Justicia es la justificación del alma en la sangre de Cristo (Ro. 3:25). 

3) El escudo de la Fe de Cristo es la revelación cierta y segura de la palabra de Dios que viene del Espíritu Santo. Es la protección que defiende el alma, el espíritu y el cuerpo (Ro. 1:17 y 3:26).

4) El apresto del evangelio reviste dos pies, uno es interior y el otro es exterior. Un pie es el espíritu y el otro es el cuerpo. Para ser salvos debemos caminar calzados con el conocimiento del evangelio. El pie del espíritu es la conciencia y el pie del cuerpo es el sentido del tacto. El apresto completo es Hechos 2:38, para justificar y reconciliar a la humanidad con Dios. Su mensaje de Fe es creer en la sangre, muerte y resurrección de Jesucristo, para el nuevo nacimiento del alma. El apresto del evangelio  implanta el fundamento de Cristo en la conciencia humana, porque es la parte del espíritu que más peso tiene para el nuevo nacimiento. Por lo tanto, la conciencia sincera y el tacto firme son los pies espirituales del predicador, que introducen la sabiduría del Nuevo Pacto en el corazón de la gente.

5) El  yelmo de salvación en nuestra mente es la revelación del evangelio de que hemos muerto, resucitado y ascendido juntamente con Cristo Jesús (Ro. 6:11 y Gál. 2:20). 

6) La espada de la palabra de Dios, tanto escrita como hablada, se emplea con la memoria del espíritu y con el hablar de la boca. 

LAS ARMADURA DE DIOS EN EL CUERPO

Los cinco sentidos del cuerpo también están equipados con la armadura de Dios. Ellos son el tacto, la vista, la boca, el oído y el olfato. Todos son uno con las facultades del espíritu y participan de Cristo. Cuando escudriñamos la Biblia usamos la vista y las manos. Cuando vamos a predicar y a congregarnos usamos los pies. Cuando oramos, alabamos, adoramos y testificamos usamos la boca. Cuando nos escuchamos y comprendemos la aflicción del prójimo usamos los oídos y cuando discernimos entre lo malo y lo bueno nos acompaña el olfato. 

El cinturón, la coraza, el escudo, el apresto, el yelmo y la espada son todos juntos la mente de Cristo encarnada en el cuerpo. El se utiliza a Sí Mismo en Sus discípulos y obreros porque somos carne y hueso Suyo (Ef. 5:30). De hecho, para que el poder de la resurrección del Señor reine en el alma y Su ascensión ministre a través del espíritu, el cuerpo tiene que estar crucificado con Cristo en vivo sacrificio, santo y agradable a Dios (Ro. 12:1 y  2 Co. 4:10).

CONCLUSION 

Poder - Sabiduría - Amor

La armadura de Dios es el poder de Cristo en el alma, la sabiduría de Su mente en el espíritu y Su amor en el corazón. Con este amor perfecto oramos para obtener el conocimiento de Dios que agrada a Su alma. La evidencia de conocerle es que amamos el compañerismo y la fortaleza espiritual de los hermanos, contribuyendo cada uno en todo cuanto conduce a la paz y a la mutua edificación (Ro. 14:9). 


Mayo 2026







LA ARMADURA DE DIOS

'Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.  Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis...